Ciclo C

DOMINGO II NAVIDAD (ciclo C).3 de enero de 2016

 

Eclo 24,1-4.12-16: Eché raíces en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.

Sal 147,12-15.19-20: El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros.

Ef 1,3-6.15-18: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo.

Jn 1,1-18: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

 

Los pastores fueron corriendo a Belén” vieron, hablaron y se volvieron. El arte popular les añade presentes para el pequeño: requesón, leche, miel, una piel de cordero… o el sonido de un tambor; cada uno regalando de lo que tenía. Vieron y oyeron, tal como el ángel les había dicho el ángel que encontrarían al Mesías, al Salvador en la señal de un Niño envuelto en pañales. Y hablaron de lo que les había dicho el ángel. Fueron alegres por lo que iban a encontrar, con alegría de esperanza, de expectativa; y regresaron alegres por lo que habían encontrado, con alegría del que ya ha contemplado y ama lo visto. Volvieron a su casa, esa que apenas se detenía por andar de mudanza continuamente, esa de junto al rebaño. El jornal que ese día llevaron a su hogar traía una alegría especial, con sabor a eternidad, habían contemplado al Salvador hecho Niño en Belén.

            Lo que guardan las casas pertenece a los de dentro; no se puede compartir la intimidad con los extraños si no hay invitación a traspasar el umbral de ese espacio de acogida al que solo tiene acceso la familia. También uno no puede dejar de llevar su hogar consigo y en las maneras se revela mucho del hogar. Los pastores, pobres hasta la pellica, pero preferidos por Dios para abrirles las puertas de su casa. De casa a casa hubo traspaso de hogares y los pastores se quedaron un poco con Dios y Dios se quedó todo con los pastores, hasta hacer morada con ellos. Volvieron a lo suyo, a sus madrugadas cotidianas, a su ordeño y su pastoreo y sus partos… pero con la alegría del nacimiento de ese Niño. ¿Qué entenderían en todo esto? Contemplaron y vivieron, primero en esperanza, luego en acto.

Las puertas de la casa de Dios quedaron abiertas de par en par sin propósito de cierre. Por el Pequeño del pesebre se contempla el hogar divino donde el Verbo, la Palabra, el Hijo vivía junto al Padre desde el principio. Las palabras resbalan para hablar del Eterno, pero, al haber puesto el palabras en el evangelista, podemos acercarnos más a contemplar este Misterio que es su hogar, para llevarlo al nuestro, para abrirle nosotros las puertas de nuestra casa. Él es Vida y viene como Luz. No hay lugar ya donde vivir plenamente sino Él, de ver con claridad sino en Él. Él hizo este mundo, pero quiere conquistarlo con seducción para la Vida, extirpando de él cualquier semilla de muerte. Para ello ha sido plantado como un árbol, que ofrece leña y hoja y fruto en la superficie, y que se sostiene firme en lo invisible de sus raíces que se van extendiendo conquistando cada vez más tierra. Juan el Bautista profetizó que vendría a nuestra casa, Juan Evangelista nos describió su hogar, no seamos nosotros tan insensatos de tener cerradas las puertas de lo nuestro para impedir su Vida, su Luz, su alegría en nuestras vidas.

Que aquellos pastores sean para nosotros maestros de pasión por Dios, que dejan su sueño para acercarse al que hace dulce toda vigilia y llena de gozo toda vida. Que sea maestro Juan el Bautista, para ser testigos del Verbo y anunciar que ya ha venido el que es la Vida y trae Luz a todo hombre. Que sea maestro Juan el Evangelista, para hacernos amigos de la Palabra de Dios con su lectura y su meditación y su contemplación, que abramos nuestro entendimiento al Misterio del hogar de Dios con estudio y valoración de la Belleza. Que ninguna de las puertas de nuestra casa, ni la principal, ni ninguna de las habituaciones interiores, se resistan a recibir su Vida y su Luz. ¡Qué insensatez, qué desagradecimiento si así fuera para quien nos ha abierto su hogar con apertura de vida eterna!

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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