Ciclo C

La frase de la Semana...


 

"Estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor"

San Mateo 24,42-43

ESTAD VIGILANTES

 


 

DOMINGO XXXIII T. ORDINARIO (CICLO C). 13 noviembre de 2022

Mal 3,19-10: los orgullosos y malhechores serán como paja.

Sal 97: El Señor llega a regir los pueblos con rectitud.

2Te 3,7-12: No vivimos entre vosotros sin trabajar.

Lc 21,15-19: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Siendo tantos, unos tendremos motivos para desear que se acabe el mundo y otros para que no. Depende de cómo nos vaya. En principio parece que deberíamos, a toda costa, salvarlo de cualquier de las múltiples amenazas a o menos posibles: cambio climático, colisión de un meteorito, guerra nuclear, pandemia mortal… Pero, tal y como están las cosas, ¿nos merece la pena conservar lo que tenemos, lo que hemos conseguido? Entendería que a un buen número de personas no les pese demasiado que todo se acabase. Al hablar de todo, me refiero, más bien, a la especie humana. ¿Estamos lo suficientemente satisfechos como para preservar lo que somos?  

Apunto a una preocupación más acuciante y trascendente para uno mismo: ¿qué va a pasar con mi vida? El profeta Malaquías recoge una antigua tradición sapiencial y moral, común a las religiones, donde el destino definitivo de cada hombre está directamente relacionado con sus obras. El bien es el premio de la bondad y el mal aguarda al que ha obrado con maldad. Este principio tan básico es repetido con insistencia como un elemento fundamental del orden social. El mal genera caos, confusión, inseguridad… y así es imposible que prospere nada bueno.

También puede tratarse en modo positivo: cuánta alegría personal y comunitaria si obramos el bien, si buscamos la paz, la verdad y la justicia, si practicamos la misericordia. El elemento punitivo pretende disuadir, pero lo que importa siempre es el bien de la persona.

En el contexto desde el que nos habla Malaquías podemos añadir que lo bueno o lo malo, fruto de las decisiones personales tiene ya una repercusión inmediata en la felicidad o desdicha de quien actúa. Y que, sin una referencia a la vida tras la muerte, con dificultad puede encajarse que haya personas que se obstinan con el mal y prosperan en sus proyectos, al menos en apariencia, muchas veces con graves daños a terceros.

Este es nuestro trabajo, perseverar con constancia, buscando el bien, que es, con mucho, lo mejor. Ese bien nos provocará provecho en primer lugar a nosotros mismos, pero también se derramará en beneficios hacia fuera. Cuando Pablo alerta sobre algunos que han dejado de trabajar pensando que la llegada de Cristo es inminente, podemos mirar alrededor y ver cómo las circunstancias que nos eximen de afrontar retos, superarnos, buscar mejoría nos pueden conducir hacia un letargo viciado y nocivo. Por eso, las inclemencias de un mundo en cambio y con manifestaciones en ocasiones hostiles al Evangelio, nos han de mover a refrescar la fe y dar testimonio valiente de la verdad de Cristo. En Él está nuestra fuerza y nuestra victoria. Repetíamos en la antífona del salmo: El Señor llega para regir los pueblos con rectitud. Mientras Él llega, nosotros trabajamos por su Reino.

Las palabras del Maestro en el evangelio de este domingo hablan de convulsión en la naturaleza, en las relaciones con los demás, en nuestras propias relaciones más estrechas de parentesco. Hasta el lugar más seguro y bello para los judíos, el templo, presencia de Dios en la tierra, amenazará ruina. Solo en Él nuestra confianza, pero trabajando, esforzándonos, cuidando la fraternidad y la comunión entre todos, fortaleciéndonos en la oración y la celebración de los sacramentos, teniendo como primera tarea la caridad. Esto requiere paciencia, perseverancia y confianza en el Señor. Para Él le mereció la pena el mundo dando su vida por nosotros y le merecemos la pena cada uno de nosotros, confiando en que su Reino sea vivido ya en la Iglesia y se invite a todo el que quiera a participar de esta luz y fundamento de la vida que es Jesucristo. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Pastoral 2021-2022