Ciclo B

DOMINGO XXXIII T. ORDINARIO (ciclo B). Día Mundial de los Pobres. 14 de noviembre de 2021

Dn 12,1-3: Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento.

Sal 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Hb 10,11-14.18: Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio.

Mt 13,24-32: Mis palabras no pasarán.

Un día y otro los astros acudían a su rutina sin descuido. Se les podía encontrar en el itinerario habitual, imperturbables. El majestuoso sol era contemplado sin pereza iniciando y completando su ciclo, al igual que la luna y las estrellas. Quien quisiera seguridad y certeza debería acercarse a desentrañar los designios que marcaban las esferas celestes, no sujetas a cambio y guardianas de los designios terrestres. A los vaivenes caóticos tan imprevisibles de la historia humana se anteponía en las alturas el orden y la armonía, evitando el colapso entre los hombres.

A las mismas alturas acuden los de la ciencia de hoy, como los de la ciencia de ayer. Entre las dimensiones astrales se intuyen fórmulas para explicar lo terrestre, vaticinando lo que sucederá. Los conocimientos sobre el futuro parecen ofrecer seguridad en torno a las cosas de ahora. Ni siquiera el sol o su cortejo podrá rivalizar con las Palabras del Señor. Estas no pasarán. De su Palabra nacieron sol, luna y estrellas; y todo lo creado. Él mismo puede decir y hacer que desaparezcan. Ya no cabrá seguridad en otra cosa que no sea Dios. Por eso, para no perecer confundidos y desesperados habrá que acudir a Él. La tragedia no solo acarrea daños, también puede propiciar encuentros fecundos. Alguien puede acudir a Dios como por azar o como recurso a la desesperada y descubrir en Él la fuente de la vida. ¿Cuándo se introdujo Jesús en tu vida?

Los últimos bastiones de seguridad caerán y, cuando ya no haya más resortes para la esperanza, aparecerá nuestra Esperanza. Tiene Dios costumbre de llevarnos hacia espacios fronterizos y, cuando ya parecía traspasado el umbral hacia el abismo, se muestra allá sin reparos. Mientras, nuestro corazón ha crecido alimentado por el néctar de los dioses: el sufrimiento paciente de quien confía en el Señor y ama a sus hermanos. Tal vez no pueda decirse otra cosa más definitiva: lo único seguro es el amor. Él mismo lo vivió así entre nosotros, ofrecido para que el ser humano no tiemble, ni se olvide de que Dios está a su lado, dispuesto a dar su vida por él, como así lo hizo. El libro de Hebreos lo interpreta así, sacerdote. Teniendo poder para domar galaxias y hacerlas brincar a una orden suya, se hace reducido al volumen humano para recapitular todo en Él y llevar el todo a su plenitud. De la grandeza máxima a la pobreza más absoluta.

El rastro de la sabiduría nos lleva hasta el Señor, como el de la Esperanza y la Justicia y el Amor. En Él recibiremos una consistencia más firme y permanente que la de los astros: “Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento y los que enseñaron la justicia como las estrellas por toda la eternidad”. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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