Ciclo B

SOLEMNIDAD DE SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA, patrono de CIUDAD REAL. Domingo 10 de octubre de 2021

Is 61,1-3a: Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres.

Sal 22: En verdes praderas me hace recostar.

2Tim 4,1-5: Se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír.

Lc 12,32-34: “No temas, pequeño rebaño”.

 

A esa sensación de desprotección e inseguridad, de desvalimiento que nos hace vernos vulnerables y expuestos a cierto tipo de peligros, la llamamos “miedo”. Suelen llegar en tropa y el miedo genérico se diversifica en miedos concretos, mis miedos, los que me pone una frontera que puede asimilar como paralizante o promotora de crecimiento. La consecuencia más dramática de nuestros miedos es la pérdida de frescura y vitalidad por el bloqueo de la libertad que provoca.

Repetidas veces intenta el Maestro despejar el miedo, como con sus apóstoles reunidos y encerrados tras su muerte: “No tengáis miedo”. Lo acabamos de escuchar también en el Evangelio: “No temas, pequeño rebaño”. El vocativo, cariñoso y entrañable, ya es una invitación a la confianza en el Señor, para no temer. El temor va asociado a la pérdida, de la clase que sea; por eso, si no hay qué perder, no hay qué temer. Por el contrario, si hay promesa de ganancia, no solo habrá superación de miedos, sino que incluso se podrán asumir riesgos para alcanzar algo que merezca la pena, que sea mayor que las posibles pérdidas.

El tesoro que ofrece Jesús es el Reino, hogar definitivo, preparado por su Padre. Por esto, el pequeño rebaño no solo no va a perder, sino que va a ganar mucho. El riesgo que han de asumir es confiar en Jesucristo y acoger el modo de vida que propone. La apertura a su propuesta ya es un éxito en nosotros del Espíritu Santo, pero también acoge al Espíritu para la vida en Cristo, para tener sus mismos sentimientos de amor a Dios y al prójimo. El Espíritu inspiraba y fortalecía al profeta Isaías para no temer y trabajar para despejar los miedos del pueblo con el anuncio de la Buena noticia de la salvación, que se realizaría con el Hijo de Dios encarnado.

Ofrece el Señor a algunos entre el pueblo ser portadores de la esperanza de su mensaje de salvación y los llama a vivir con Él, como Él. Lo hizo con Isaías, con Pablo, apóstol entre los no judíos, y Timoteo, responsable de su comunidad, alentado por Pablo. Lo hizo con santo Tomás de Villanueva, que unió magistralmente el amor al Señor y a los más vulnerables, al tiempo que predicaba la Palabra, enseñaba desde ella, celebraba, cuidaba que los sacerdotes de su diócesis fueran amigos de Dios y servidores del pueblo.

A tiempo y a destiempo han de insistir estos designados por el Señor, que asumen el nombre del Pastor, para ser llamados pastores. Para evitar que los miedos nos asfixien y liberarnos de su poder, gracias al anuncio testimonial, no solo de palabra, sino también de vida, de que Jesucristo está con nosotros y tiene nos preparado mucho para este momento y vida eterna para el encuentro definitivo con Él. Ya no han motivo para temer, si confiamos en su misericordia y que él tiene poder sobre la muerte, seguramente la causa de nuestros mayores temores.

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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