Ciclo B

DOMINGO XXIII T. ORDINARIO (ciclo B). 5 de septiembre de 2021

Is 35,4-7: Decid a los cobardes de corazón: “Sed fuertes, no temáis”.

Sal 145: Alaba, alma mía, al Señor.

St 2,1-5: ¿Acaso no ha elegido Dios a os pobres para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino?

Mc 7,31-37: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

 

Vio Dios lo que había hecho y era bueno. Así nos lo cuenta el libro del Génesis. Antes lo había pronunciado y se hizo; la Palabra de Dios es generadora de vida y belleza, manifiesta lo que Dios es y crea, fuera de Él, algo que participa de su misma bondad. No buscaba el Señor ornamento para lo que ya era infinitamente bello, sino que hacía visible lo invisible para que se acercara su criatura más amada, la que vendría a la existencia culminando su obra creadora, para asombrarse, estremecerse, y alabar a Dios por su misericordia. Dios había pronunciado orden, verdad, bondad, sabiduría… por medio de cosas tan bellas, y el hombre habría de aprender a balbucear todo aquello y a obrar conforme aquello, admirando la obra de su Señor.

Todavía le quedaba a Dios algo más prodigioso aún, preparado desde el principio, que su Palabra se hiciera carne y hablara desde la carne humana de lo que le escuchaba al Padre eternamente. Marcos habla en este pasaje de un Jesús sanador que evoca al Padre en su gesto y poder recreador. Le presentan a un hombre imposibilitado para escuchar y para hablar. Él lo aparta del gentío y a solas con Él, como reproduciendo el momento en el que Dios modela a Adán en un diálogo entre el Creador que hace y su criatura que se deja hacer, en un encuentro personal, íntimo, irremplazable. Las manos de Jesús no crean aquí, sino que reparan, para devolver al hombre a la palabra mediante la escucha y el habla. Lo devuelve al diálogo con las otras personas humanas para quedar integrado dentro de la alabanza divina que agradece y glorifica a Dios con la palabra y la obra. Quienes lo han visto, dan gloria a Dios por Jesús, que, como el Padre, todo lo hace bien.

La palabra del apóstol Santiago denuncia una actitud que atenta contra la Palabra de Dios. En el lugar especialmente preparado para la alabanza del Creador, la asamblea litúrgica, la palabra discrimina por la acepción de personas y hace que unos sean acogidos y otros marginados por su dinero. Este modo de proceder se distancia de la forma como Dios mira, y no puede contemplarse como bello, sino algo para enmendar mediante la Palabra de Dios que censura las actitudes de fealdad.

Lo anunciaba el profeta Isaías y nosotros lo hemos visto: Alguien capaz de hacer ver y oír y caminar. La medicina ha causado muchas más curaciones y corregido más discapacidades de las que hizo el Maestro. Se implica también en la obra creadora de Dios sanando la herida, reintegrando lo deteriorado. Pero no se trata solo de curar o reponer, sino de facultar al hombre para la alabanza de Dios; no solo para decir: “¡qué bien me encuentro!”, sino, principalmente, para proclamar: “¡Bendito sea el Señor! Todo lo que hace es bueno y bello” y no dejar de pronunciar las maravillas de la misericordia divina, que todo lo hace bien. Pronunciar y hacer, que el que dice “Dios es bueno” no habría de descuidar el poder de sus miembros para hacer el bien. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana Amoris Laetitia 2021/2022

La Voz de Papa Francisco

Xtantos

Imagen, frase de la Semana

"Bienaventurados los corazones flexibles, porque no se romperán" (San Francisco de Sales)