Ciclo B

VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR. 2 de abril de 2021

VIERNES SANTO. 2 de abril de 2021

 

Is 52,13-53,12: Mirad, mi siervo tendrá éxito.

Sal 30: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.   

Hb 4,14-16. 5,7-9 se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Jn 18,1-19,42: “Jesús, el Nazareno, rey de los judíos”.

 

En lo alto de la Cruz un letrero escrito por Pilato revelaba el motivo de la crucifixión: “Jesús, el Nazareno, Rey de los judíos”. Los sumos sacerdotes pidieron a Pilato que rectificase el letrero indicando: “Este ha dicho: soy el rey de los judíos”, pero Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está” y el cartel escrito se quedó, tal y como se dispuso, allá sobre la cabeza del crucificado, explicando la razón de su condena. Pilato escribió, las autoridades judías protestaron para que se escribiera otra cosa y el condenado, el Hijo de Dios, llevado por unos y por otros, dejaba que escribiesen sobre Él (no acerca de Él, sino labrando su propia historia).

Inquieta que sean otros quienes escriban marcando el camino por el que has de andar. Sobre el Maestro escribió Judas, uno de los Doce, con caligrafía de traidor para facilitar su prendimiento. Escribieron las autoridades religiosas pidiendo revancha de asesinato. También lo hizo el pueblo, un día con tinta de alabanza cuando entraba en Jerusalén y otro con petición de crucifixión queriendo echarlo fuera de la ciudad. Escribió un extranjero venido de Roma, indiferente a la historia de la salvación, que cedió a las presiones y lo entregó para que lo crucificaran. Incluso sus mismos discípulos escribieron, con su abandono, el desamparo y la desprotección. 

Para ninguno de ellos preparó quejas Jesús, el Nazareno, aunque lo llevaron adonde Él no había pedido. Simplemente se anticipó a todos llevando traición, envidias, rencores, populismo, ignorancia, despotismo y cobardías, adonde Él quiso. Toda aquella corriente de acontecimientos entrelazados entre unos y otros para conducir a Cristo a una Cruz inexorable fue agarrada por Jesús en el madero como si se tratara de unas riendas guiando el destino irreversible hacia algo absolutamente libre: el amor. Si no fue libre para su condena y su crucifixión, fue libre, libérrimo, para amar, para perdonar, para ser condescendiente con su ignorancia y para salvar. Y de esta manera condujo aquella marea de malicia y podredumbre humana hasta el florecer de la misericordia divina. Su obediencia al Padre por amor, lo liberó de la esclavitud del destino. Qué poderoso es este “Rey de los judíos” a quien ni el flagelo ni los clavos ni el fracaso le hacen ceder a la maravilla del perdón incondicional y el amor hasta el extremo. 

¡Qué poderosos nosotros si, a ejemplo del Maestro, fuéramos conscientes del don del Espíritu que nos hace libres para ser de Cristo y de su misericordia, a pesar de que otros o los acontecimientos advenedizos escriban aventurando nuestro camino! El Padre, que no ha llamado a la libertad, no nos eximirá de lo que ajenos vayan a escribir en nuestra historia como lazos incómodos, pero sí que recogerá todo aquello en el corazón dócil a su amor, como abono para el brote de resurrección que anticipa su victoria y la nuestra en Él. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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