Ciclo B

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR. DOMINGO 10 de enero de 2021

Is 42,1-4.6-7: Mirad a mi siervo, a quien sostengo.

Sal 28,1-4.9-10: El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hch 10,34-38: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo.

Mc 1,7-11: Fue bautizado por Juan en el Jordán.

Los escenarios en los que se desarrollan los episodios del evangelista Marcos no son neutros, sino que ofrecen casi siempre un contexto para entender lo que sucede. El comienzo de este evangelio está ubicado en el río Jordán, el más importante de la Tierra de Palestina que atraviesa el país de norte a sur. Es una frontera natural y también teológica. A la tierra al Oeste del río vivía el pueblo judío, el pueblo santo, y al Este, llamado Transjordania, los pueblos no judíos, por lo tanto, no santos. Atravesar el agua del Jordán hacia un sentido u otro puede significar adentrarse en una tierra inhóspita, peligrosa, desamparada o acceder a la Tierra de la Promesa. Delimita el ámbito de lo antiguo y lo nuevo, las expectativas y el cumplimiento, el itinerario y la meta. Tras los cuarenta años del pueblo de Israel por el desierto finalmente llegaron a la Tierra donde manaba leche y miel superando la trinchera del Jordán, donde las aguas se frenaron en su curso para que pasaran. Rememoraba el gran acontecimiento de la salida de Egipto donde, hasta que el pueblo guiado por Moisés no pasa el mar Rojo a través de sus aguas, no se consuma definitivamente la liberación de los opresores. El agua barrió la esclavitud y la iniquidad al arrasar con las tropas egipcias y proporcionó un lugar seguro para el pueblo elegido.

Ahora es Jesús el que llega a este elemento fronterizo y no por casualidad. Juan está bautizando en el río, un ritual que busca una revisión y un cambio de vida motivado por la proximidad de un personaje mucho más importante que él, que va a bautizar con Espíritu Santo, con una fuerza divina que puede hacer cambiar las cosas. ¿Qué cosas?

La naturaleza, el cosmos creado por Dios, es para el evangelista Marcos un orden armonioso dentro del cual el ámbito humano está fuertemente alterado por relaciones desequilibradoras del necesario orden con que el Altísimo creó todo. La situación social y religiosa que describe Marcos revela graves desniveles entre una pequeña clase de poderosos y una gran masa de pobres, de una clase religiosa dirigente y un pueblo lejano a un cumplimiento exhaustivo de las leyes religiosas. Esta inequidad cada vez está más agravada.

La rasgadura en el cielo y la declaración de Jesús como Hijo amado de Dios acerca a una nueva esperanza para el orden en este mundo humano. Solo Dios puede causar la transformación y lo quiere hacer partiendo de lo humano. Será un hombre el que lo haga posible, el Hijo amado de Dios. Ya se atisba que es más que hombre y que tiene un vínculo especial y estrechísimo con el Santo. Su posición inicial es fronteriza, entre la tierra de los judíos y la de los paganos, entre el cielo y la tierra, entre la misericordia y la provocación, guardando un equilibrio. La brecha abierta en el cielo será paradigma de muchos más desgarrones, los que propicie este Hijo de Dios. El mundo suena a callo endurecido, la espada del Maestro saja para abrir al Espíritu; el corazón blindado en su pobreza es perforado por su Palabra para que el Espíritu ofrezca su docilidad para acostumbrarse a las manos de Dios. La novedad que nos trae requiere una nueva disposición a la que se llegará por agujeros, rajas, desgarros y descosidos en esta humanidad cuajada de quistes impermeables.

Llega el agua del Espíritu a todo sobre el que se abrió el cielo para ser vertido sobre él el don celeste, reclutando guerreros de las fronteras que hostigan con su testimonio vital a los que se han adormecido en una inopia y un letargo circular, redondo, cerrado, perfectamente condescendiente con la iniquidad y el desorden consentido.

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana "Vocación"

La Voz de Papa Francisco

Xtantos

Imagen, frase de la Semana

"Bienaventurados los corazones flexibles, porque no se romperán" (San Francisco de Sales)