Ciclo A

SOMENIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR. 6 de enero de 2017

 

Como no podemos entretenernos con las estrellas entre nuestras manos, mejor que se queden allá en lo alto y empujen nuestros ojos a mirar al cielo, para admirar, para soñar, para desear… que es otra forma de entretener. Para nuestros ojos son una motita luminosa en la oscuridad de la noche, y tienen sin embargo tamaño de gigante, tanto que ni uniendo los brazos de todos los humanos podríamos abrazar. Pero aún nos quedan ganas de cogerlas, porque nos siguen pareciendo lucecitas cercanas y domésticas que, aunque sepamos que son inalcanzables, invitan a soñar y no a dormir, soñar en vigilia. 

            ¿En qué sueñan los humanos cuando miran las estrellas? Ellas no van a dar lo que no tienen, pero, como son preciosas, arrancan de nosotros el recuerdo de cosas que nos resultan queridas, aunque, hoy por hoy, resultan inalcanzables. Ellas son dedos de lo que ansiamos obtener. ¿Serán lo mismo las estrellas para un anciano que para un niño? ¿Para un rico que para un pobre?  ¿Para un trabajador que para un parado? ¿Despiertan lo mismo las estrellas en África que en Europa? ¿En Irak y en Siria que en Holanda? ¿En la Mancha que en Cataluña?

            No se van a cansar las estrellas de ser estrellas, brillando y brillando una y otra noche, ni nosotros de soñar, soñando y soñando, un día y otro día. Ellas no cambian y nosotros sí, sobre todo en la medida en que cambien nuestros sueños, nuestros deseos, que son el estímulo de nuestra vida y que nos hace tener propósito de cambio, de enmienda, de crecimiento. ¿Por qué los Magos de Oriente vieron lo que no vio Herodes siendo la estrella la misma? Unos miraron con unos sueños y el otro con otro diferente. A los que buscan a Dios, de algún modo, todo les suena a divino.

Tal vez una estrella sirve para avivar el deseo, porque en medio de la oscuridad es un puntito de luz  que se abre a una luz mayor. Dios ha despertado nuestros deseos más ambiciosos, porque nos ha prometido la eternidad, la felicidad sin oscuridad alguna y para siempre. Y para ello ha nacido Él también con deseo de hombre, para que los humanos deseemos a Dios, para que lo busquemos, para que no nos embelesemos en la luz de estrellas, que son bonitas, pero solo cumplirán su oficio si nos llevan a Dios, como a los Magos de Oriente. Ellos buscaban sin saber exactamente, nosotros sí lo sabemos y no debemos ofrecer otra cosa mejor, otro regalo más logrado, que la alegría del Dios que nos ha nacido.

¿Para qué soñar con cosas en diminuto, con cosas que se pasarán si podemos soñar con el mismo Dios? Es decir, ¿por qué preocuparnos tanto en buscar y conseguir lo que no va a dar felicidad, si ya tenemos al alcance de la mano a Dios con nosotros? La distancia de los Magos de Oriente a Herodes es la distancia del que está cerca, pero es miope, y los que vienen de lejos, pero con sinceridad de corazón y deseo de Dios. ¿No seremos nosotros los que, por estar cerca del Hijo de Dios lo olvidamos embobados con la estrella que lo indica, con los signos que hacen referencia a su presencia? ¿Cómo saberlo? Miremos a Herodes y los Magos: en uno había proyecto homicida, y lo reproduce de algún modo el que resulta indiferente ante la presencia viva de otra persona; en los otros había adoración de Dios, que es sorpresa y protección del Dios de la Vida y toda vida que viene de Él. Hoy, de forma subrayada, miramos a los que no conocen a Jesucristo, y que son siempre hermanos nuestros, que en sus búsquedas no dejan de buscar a Dios. Pedimos para ellos cristianos que, al modo de estrellas, le indiquen donde está el Salvador. Y no nos cansemos de soñar en Dios con una humanidad que reconozca a Dios Padre en Cristo, donde gobierne la justicia de Dios, donde la fraternidad sea la condición compartida. De este modo no dejaremos de movernos hacia Él, sabiendo que no lo podremos alcanzar jamás, sino que Él nos alcanzará a nosotros, los que lo buscamos aun sin saberlo. Entonces sí podremos, uniendo brazos de hermanos, abrazar, no solo las estrellas, sino al mismo sol que nos nace de los alto. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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