Ciclo A

Resucitó Aleluya, Aleluya ¡¡¡¡

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Él es LUZ de VIDA

VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR. 10 de abril de 2020

Is 52,13-53,12: Él fue traspasado por nuestras rebeliones.

Sal 30: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Hb 4,14-16; 5,7-9: Se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Jn 18,1-19,42: Lo crucificaron; y con Él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús.

 

Los signos de cariño son tantos como permite la originalidad de los que se aman, aunque solemos entendernos en unos cuantos comunes, inteligibles para la mayoría. El beso y el abrazo acercan al máximo y ponen piel con piel, como expresión de una entrañable comunión. El beso aproxima, pero fugazmente; el abrazo puede mantenerse durante más tiempo sosteniendo a la persona toda entera, siendo igualmente sostenido todo entero.

            Este día se nos va en un solo abrazo, el de Jesús en la Cruz. Tanto se acercó a nosotros que no descuidó nuestras fisuras ni nuestras brechas ni nuestras oscuridades. Se dejó afectar hasta el alma por nuestro sufrimiento en cotas elevadísimas. No le fue ajeno ni el dolor físico ni el del alma ni el del corazón. Los abrazó abrazándonos a nosotros. Ya la misma Creación tuvo el cuño del abrazo. Todo lo creado fue parido de la nada por el poder de Dios con el abrazo del Verbo y todo lleva el signo de esa cruz que es el amor incondicional de Dios que pide nuestra obediencia. A la Cruz del Calvario llegó el Hijo por obediencia y nos quiere desde allí obedientes a quienes escuchamos su Palabra y recibimos su Pan, para unirnos a su Cruz, al sí al Padre en lo tenebroso de lo que no controlamos o nos zarandea o nos despoja de nuestras seguridades. En torno a la Cruz rota el universo como su eje, porque nada escapa al abrazo del Hijo misericordioso. Los cuerpos dolientes se unen ceñidos por esta Cruz más fraternos, más participantes del amor incondicional de Dios. Desde su lucha aprenden a decirle al Padre: “Amén” y darle gloria, porque es eterna su misericordia, mientras vamos dejando que ilumine las tinieblas de unas circunstancias asperísimas. Al tiempo, más gustamos el amor de Cristo, cuanto más nos descubrimos abrazados a su Cruz, dejándonos abrazar por Él en ella.

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana "Conversión Misionera: seguir dando pasos" 2019-2020

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