Ciclo C

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR. MISA DE MEDIANOCHE O DEL GALLO. 24 DICIEMBRE DE 2021

Isaías 9, 1-3. 5-6: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande.

Sal 95: Hoy nos ha nacido un salvador, el mesías, el Señor.

Tit 2, 11-14: Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.

Lc 2, 1-14: Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

El pueblo que caminaba en tinieblas… se había apartado de la referencia que les marcaba la ruta, se desorientó, se crispó, entró en conflictos fratricidas, perdió la esperanza, fracasó… incluso perdió la conciencia de pueblo, olvidando que el de al lado tenía la misma dignidad y no era un rival ni un inferior. La oscuridad conduce hacia la inconsciencia, la pérdida de identidad y, en sus últimas consecuencias, hacia un abismo que aboca a la destrucción y la muerte.

Un día echaron a caminar juntos; de modo aislado, no podían sobrevivir. Tenían un entrañable deseo de familia, e interés por cuidarse y apreciarse los unos a los otros. Pero, seducidos por luces opacas y confusas, renunciaron a la única luz que esclarecía su condición e invitaba a prosperar: la luz de su compañero de camino que les recordaba la condición de pueblo, la luz de su Creador. Una de las primeras consecuencias de la penumbra llevaba a no distinguir el rostro de los demás. Entonces no se perciben más que bultos despersonalizados, antes alguien, ahora convertidos en algo. A un algo tiene el estatuto de cosa. Y, tanto o peor aún: solo en el rostro de los demás podemos distinguir el nuestro.

Pero el profeta Isaías anunciaba una novedad inaudita:  el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. ¿Cómo de grande? ¿Tan grande como para disipar toda tiniebla? ¿Tan grande como para esclarecer y resolverlo todo? Tan grande como para mantener la esperanza. Un pueblo y cada uno de sus miembros no puede prosperar ni crecer sin esperanza. Es la imprescindible herramienta para el triunfo de todos y cada uno. El profeta habló del final de la violencia y del gobierno de un rey de paz y justo… pero el pueblo no lo vio, aunque sí lo esperó. Tal vez solo unos pocos esperaron.  

Quienes mantuvieron la esperanza en el pueblo, los pocos o los poquísimos, confiaban en la promesa de Dios, su amigo, e hicieron de portadores de la luz que brillaba diminuta. Pero, incluso mínima entre tanta oscuridad, ajaba las tinieblas de arriba abajo y, gracias a ello, el pueblo pudo encaminarse hacia la gran novedad preparada por su Dios: la llegada de aquel que iba a hacer realidad los anuncios proféticos. Algunos de aquellos pocos fueron Zacarías e Isabel, María y José y unos pastores que pastoreaban en los alrededores de Belén.

No fue un astro encumbrado el que nos iluminó con la potencia divina, sino un niñito. Dios no ha venido imponiendo su luz, sino que ilumina la carne humana para hacernos farolillos de la esperanza de su presencia entre nosotros, para provocar que el mundo vibre en esperanza. Los que se acercan a Él contemplan a quien los mira con ternura y amor, descubriendo, con el corazón inflamado, la capacidad humana, ya no solo para lo humanamente deseable, sino para las cosas divinas: el perdón de las ofensas, el amor a los enemigos, el amor sin medida, la comunión con Dios y la fraternidad humana.

¿Qué clase de luz nos ha brillado de lo Alto? La que no hace ruido y nace en la noche; la que es arrullada por los brazos de María y José y no por gente de la que llaman importante; la que seduce y no violenta, cautiva y no se impone; la que provoca saberte pequeño, pero hace levantarte y te reconoce como hijo de Dios. Si queremos ser portadores de esperanza para nuestro pueblo: este que descuida fácilmente su condición de familia con facilidad y tiene habilidad para cegarse, este con tantos rescoldos de egoísmo, ignorancia y egolatría, este que no conoce a su Señor y se resiste a pronunciar al otro como hermano, que maltrata su hogar y hiere a los más vulnerables… estaremos haciendo visible lo que sucedió en Belén cuando nació nuestra Luz. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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