Ciclo B

DOMINGO DE RAMOS (ciclo B). 29 de marzo de 2015

 

Procesión de las palmas

Mc 11,1-10: Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David.

 

MISA

Is 50,4-7: El Señor me abrió el oído; y yo no resistí ni me eché atrás.

Sal 21,8-9.17-20.23-24: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Fp 2,6-11: Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Mc 14,1-15,47: Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.

 

No molestéis a los que aman a Jesús y lo hacen a su modo. ¿De qué otro modo se puede amar si no es desde lo propio? ¿Preferiremos imitar? ¿Buscar el artificio de lo que cabe esperar sin que lo esperen nuestras entrañas? Si aquella mujer demostraba su amor derrochando ese perfume carísimo sobre la cabeza de Jesús, ¿por qué molestarla? Ella intuía más que los habituales en la amistad con el Maestro, el amor sacrificado hasta dar la vida. ¡Qué mejor que amar a Dios con lo que cada uno puede! Aunque, si es verdadero amor, no cesará en la búsqueda de aquello que le permita amar más.

 

Jerusalén tendía alrededor de sí unos brazos de piedra que circundaban su recinto poniéndole frontera. En los días de fiesta sus puertas se abrían de par en par porque la ciudad crecía con tantos judíos venidos de muchos lugares. La ciudad santa acogía al pueblo santo de Dios y, como Fiesta de  fiestas, de modo singular en la Pascua.  Todo el que se acercaba a Jerusalén subía, aunque descendiese de una cumbre altísima, porque en Jerusalén estaba el lugar más sagrado de la tierra, donde Dios tocaba lo humano y el humano casi, casi podía tocar a Dios.

 

La Pascua originaria no sucedió en aquella ciudad, pero era el lugar donde se guardaba memoria cada año: Un día libró Dios de la esclavitud del faraón en Egipto, el resto de días liberará Dios de la esclavitud del pecado y de la muerte. El Señor siempre libera en lo pequeño y en lo grande; mientras nosotros nos vamos atando y atando. ¿Habrá algún día liberación definitiva? ¿Se cumplirán por completo las promesas de Dios a Abrahán y a toda su descendencia? Así lo deseaban los judíos, aunque cada uno a su modo, dependiendo de su entendimiento de cuánto amasen a Dios y a su prójimo. Hacía falta mucho amor para entender bien; hacía falta conocer mucho a Dios y mucho al hombre para interpretar cuanto se anunciaba desde antiguo. El Verbo de Dios que se hizo carne, acabaría carne de cruz como culminación de una historia de amistad entre Dios y el hombre: Dios guiando, y el hombre obedeciendo, todo en la misma persona, en Jesucristo.

 

           El relato de la Pasión del Señor cuenta los momentos de este instante eterno cincelado en la carne humana, paso a paso, pero en un mismo argumento de amor del Dios que quiere que todos se salven. Y para ello, en este día del Domingo de Ramos, se inaugura la Semana Santa a la que podemos acercarnos a mirar por cualquiera de las puertas abiertas para entrar en Jerusalén. Todas son válidas si se abre camino para llegar hasta el fondo, hasta el Calvario y el sepulcro vacío. Todas oportunas si llevan hasta el misterio del amor misericordioso de Dios que cura la herida del pecado humano y en ese pecado encuentro también los míos. Lo mismo da si derramando un ungüento precioso o guardándolo para no gastarlo si se hace por amor a Cristo. Pero verdadero amor, no el que se agota solo en el sentimiento o no encuentra más que razones, sino el que dispone a una entrega mayor y abre las manos a una mayor generosidad y dispone el corazón a un perdón radical. Así la gran fiesta de la Pascua nos hará florecer por el Espíritu al amor con el que, a nuestro modo, amamos al Amor de los amores, porque dispusimos todo cuanto teníamos (que suele ser bien poco) para preparar el camino al despreciado y abandonado y vejado y crucificado… al ofrecido por amor a quienes no le amamos lo suficiente. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

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"Bienaventurados los corazones flexibles, porque no se romperán" (San Francisco de Sales)