Ciclo A

DOMINGO XVI T. ORDINARIO (ciclo A). 19 de julio de 2019

Sb 12,13.16-19: Tu poder es el principio de la justicia.

Sal 85,5-6.9-10: Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Rm 8,26-27: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad.

Mt 13,24-43: ¿De dónde sale la cizaña?

 

Al poder le salen al paso muchos pretendientes. Los hay clásicos: el afán de dominio, la codicia, la soberbia, el narcisismo, el rencor o el ánimo de venganza... Otros, aunque tan antiguos, tal vez son más discretos: la falta de estima propia, el exceso de notoriedad, la necesidad de control y seguridad, la búsqueda de identidad… Sin embargo, por lo general, el poder vive más bien en un harén de relaciones complejas y lesionadas por una imagen denigrada de la persona que lo pretende por cualquiera de los anteriores motivos, pero en el fondo es por esto: los desajustes en la soberanía sobre uno mismo, y le llevan fácilmente al anhelo de dominar lo externo. O, dicho de otro modo, la falta de poder sobre mí puede ser gestionado, en cierta suerte de intento de equilibrio, como el empeño de imponerme sobre ti y sobre los demás o sus cosas. Cuanto más afán en ello, más fragilidad delata.

                El libro de la Sabiduría contradice nuestras actitudes habituales y propone otro maridaje más provechoso: el poder con la justicia y con la misericordia. El que es poderoso de verdad busca lo justo y es capaz del perdón y lo ejerce. De esta manera sucede con Dios, que también hace partícipe de esta fuerza invencible a quien quiera tenerla. Uno de los primeros poderes es la cualidad de saber pedir lo que hace falta. Lo indicaba Pablo dirigiéndose a los Romanos. La dependencia de cosas que no son necesarias manifiesta una terrible debilidad. El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, que tiende a buscar un poder improductivo, para que tengamos el verdadero poder que libera y se preocupa por la liberación de los otros. De nuevo aparece, de modo implícito, el poder asociado con el perdón y la justicia. ¿Dónde encontrar a alguien más poderoso que el que vence la tendencia al rencor y quiere perdonar y perdona? ¿Cómo entender una vida realmente libre si no se involucra apasionadamente en que reine la justicia?

                Y ambas, justicia y misericordia, se nos muestras aliadas en estas parábolas que precisan una lectura atenta y preguntas que ayuden a desentrañarlas. Ofrece tres imágenes para hablar del Reino de los cielos. Las dos últimas indican que este Reino: 1. comienza en algo pequeño e imperceptible y, operante en un proceso paulatino y gradual, avanza hacia lo grande y visible como resultado maduro del itinerario emprendido; 2. Tiene la virtud de transformar la masa, lo voluminoso, en algo diferente, provechoso para todos y delicioso.

                La primera, más larga y luego explicada por el Maestro, parece más compleja y motivainterrogantes: ¿Por qué dejar la cizaña hasta el momento final y no buscar el modo de extirparla del campo de modo temprano? Si los criados distinguen por su espiga la cizaña del trigo, ¿cómo no intervenir al instante? Sus prisas no son las del amo, que va a pedirles paciencia para, llegado el momento, actuar. La justificación es el evitar el daño al trigo y, para ello, habrá que esperar a distinguir muy bien lo uno de lo otro, el trigo de la cizaña. ¿Pone en duda el amo la pericia de sus criados, los ángeles en la interpretación de más abajo, para discriminar sin riesgos lo bueno de lo malo? Tal vez hasta que no llega el fruto definitivo no se puede saber con certeza, al menos en algunos casos. O, quizás, porque, el amo con su poder de misericordia y justicia, compartida con sus hijos obedientes, el trigo, puede hacer que la cizaña se convierta también en trigo. Poder para esperar, poder para perdonar, poder para transformar. Es aquí y no en la intervención precipitada donde se revela el poderío de este señor y su sabiduría. Quien quiera ser poderoso como Él, que aprenda de Él y, en primer lugar, de lo que sucede en su propio campo.

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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