Ciclo A

SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DE CRISTO SEGÚN LA CARNE. NOCHEBUENA 2019

Is 9, 1-3. 5-6: Tú quebrantaste su pesado yugo.

Sal 95: Hoy nos ha nacido el Salvador.

Tit 2,11-14: Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo.

Lc 2,1-14: Os traigo una gran alegría.

 

“Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo”. Lo anunciaba un ángel a unos pastores de Belén. La legión del ejército celestial asintió alabando a Dios con un himno de gloria. Es posible que los ángeles y los humanos nos alegremos por cosas distintas. “Será de gran alegría para todo el pueblo”, les dijo. No parece que fueran ciertamente tantos los del pueblo que se alegraron por la noticia del nacimiento del Niño Dios; haciendo recuento: María y José, Isabel y Zacarías, estos pastores betlemitas, los magos de Oriente, Simeón y Ana… y pocos más. Por el futuro del verbo nos podemos ver implicados: “será”, dijo el ángel. ¿Aludía al tiempo inmediato o recogía la historia venidera sin límites? Ese “será de gran alegría” nos tendría que afectar, pero aun ahora comprobamos que andamos escasos de alegrías por aquel acontecimiento. Exageraciones angélicas. O es que cuesta armonizar los gustos celestes y los nuestros. Conmovió más a la corte celestial que el Verbo se hiciera carne que a la humanidad visitada por su Señor.

Con todo, la publicidad del ángel del Señor fue solo hacia muy pocos. Les dijo a Zacarías, a María, a José en sueños y a los pastores. Ya está. Los ángeles no se prodigaron en más anuncios, por lo que, sí, alegría la hubo, pero no de muchos, pasó desapercibida para la mayoría, para casi todos. Algo más consiguieron los pastores cuando hablaron a otros de lo que habían visto en el portal. La noticia no llegó mucho más allá y la alegría tampoco.

Me hago a la idea de algo que les habría alegrado más a todo el pueblo: una bajada de impuestos, una distribución proporcionada de las riquezas reales… también hubiera bastado para provocar una multitud de sonrisas, el anuncio de la interrupción del censo del César y cada cual quedaba en su sitio. A veces para la alegría basta con que dejen de incordiarte o de hacerte daño. Los poderosos no facilitaban la alegría de sus súbditos; sorprende que hubiera gente que aún tuviera seria esperanza con una alegría perdurable. Hay pueblos que son tenaces y el judío es paradigma para todos, perseveraban y perseveraban con expectativas de alegría a pesar de verse sometidos a soberanos caprichosos, cuando no ineptos, cuando no extraños.

Regresamos anualmente a esta celebración tan poco eficaz en lo que se refiere a lo de gran alegría. Pero Dios nos pide insistir. A ver si aprendemos de los pastores. Entre aquellos pocos que recibieron el anuncio del ángel nos parecemos más a los pastores, al menos en dos tercios. El anuncio lo tenemos, la visita al pesebre la hacemos cada Eucaristía y cada Nochebuena. Hasta aquí todo semejante. Creo que es en el camino de vuelta donde está la divergencia. Ellos “se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto”. La contemplación del Niño les penetró la sensibilidad y tomaron oficio de ángeles glorificando y alabando a Dios en su camino hasta donde estaba el rebaño. ¿Qué habremos dejado de ver en el Hijo de María si no reventamos en glorias y alabanzas? ¿Qué vieron ellos que no hayamos visto nosotros? Tal vez se encontraron con todo un Dios que les miraba a los ojos. Los seres humanos podremos andar muy limitados de pan, excedentes en frío o en calor, pobres de sueño… pero no resistimos que no se nos mire a los ojos. Cuando descubrimos la mirada divina en los ojos humanos del pequeño de Belén, la mirada de predilección, de quien te conoce, la alegría es irresistible. Muchos más prospera el esperanzado que el poderoso. El que tiene esperanza se abre a algo más, el que tiene esperanza en este Dios Niño se abre a lo más. Es Salvador para quien quiera salvarse, alegría para quien quiera alegrarse, ojos divinos para quien quiera mirar. Esto es para todo el pueblo; la alegría está servida, porque la esperanza está avanzada y pide culminarse en el camino de vuelta, el de la gloria y alabanza a Dios por su entrañable misericordia, porque nos ha mirado a los ojos, con los suyos chiquitos.

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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