
Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30
Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30
Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»
Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer...
Todos los VIERNES a las 20:00 horas.
En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.
La diócesis de Ciudad Real ha clausurado esta tarde el Año Jubilar con una eucaristía celebrada en la catedral, presidida por el obispo, don Abilio Martínez Varea, coincidiendo con la solemnidad de la Sagrada Familia.
De este modo, la Iglesia diocesana se une a la clausura del Jubileo e
n las Iglesias particulares, tal y como dispuso el papa Francisco en la bula de convocatoria Spes non confundit.
La celebración se ha llenado para la celebración con fieles procedentes de toda la diócesis, junto a sacerdotes, un diácono y religiosos. Para facilitar la participación se habían suprimido las misas de la tarde en parroquias y comunidades, tal y como ya se hizo en la apertura del Jubileo.
Desde el inicio, la liturgia —en la que la Coral Diocesana acompañó musicalmente— puso de relieve el sentido de acción de gracias por el camino recorrido durante este tiempo especial de gracia, oración y conversión. La cruz del Año Jubilar, que ha estado todo el año junto al altar, ocupó un lugar central en la celebración, recordando el signo bajo el que la diócesis ha peregrinado espiritualmente.
Tras los ritos iniciales y el acto penitencial, en el que el obispo invitó a dar gracias por los frutos del Jubileo y a reconocerse necesitados de la misericordia de Dios, se proclamaron las lecturas propias de la solemnidad de la Sagrada Familia, subrayando la vida familiar vivida en el Señor como ámbito privilegiado de fe, amor y esperanza.
En su homilía, don Abilio Martínez Varea invitó a la comunidad diocesana a recoger los frutos del Año Jubilar y a prolongarlos en la vida cotidiana, destacando la experiencia de misericordia, reconciliación y esperanza vivida a lo largo de este tiempo. El obispo recordó que la clausura del Jubileo «no es dar un portazo», sino que supone «recoger los frutos de este Año Jubilar, a la vez que recibimos una misión». «El Jubileo no termina, sino que se transforma en compromiso, en testimonio y en vida», afirmó....
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