Ciclo C

DOMINGO XVI T.ORDINARIO (ciclo C). 17 de julio de 2016

 

Gn 18,1-10a: “Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo”.

Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses (1,24-28): Cristo es para nosotros la esperanza de la gloria.

Lucas (10, 38-42): María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

 

La relación con Jesús abarcaba distintos niveles. Unas veces se dirigía a la muchedumbre, un grupo numeroso de personas ante las que hablaba y obraba signos. Otras veces se remitía a sus discípulos, los que habían unido a su causa y lo seguían regularmente con fidelidad. En otras ocasiones miraba a los apóstoles, ese núcleo particular de allegados con los que compartía mayor cercanía y a quienes había encomendado una misión particular vinculada a la suya propia sobre los cuales fundaría su Iglesia. Por último estaba el grupo de los íntimos, a los que le unían unos vínculos afectivos muy fuertes y entrañables. Eran sus amigos más queridos. Entre ellos los de aquella casa del pueblo de Betania, próximo a Jerusalén, donde parece que Jesús solía retirarse. Allí vivían Marta y María y Lázaro. Allí nos dirige el evangelio de este domingo.

            Jesús entra en la aldea y pasa a una casa, la de sus amigos. El ámbito en el que nos sitúa este pasaje es, por tanto, el de la amistad. Los amigos son la familia que uno escoge y con los que comparte lo que tiene. La presencia del Maestro amigo en este hogar provoca el quehacer de cada uno de los miembros de la casa: Marta con las tareas domésticas, María a los pies de Jesús escuchándolo. Dos formas diferentes de practicar la hospitalidad, cada una atendiendo al huésped amigo de diversa forma. Marta hace bien, María hace mejor. Ambas se dedican al Señor, pero, una vez que Él ha venido a tu casa y lo has recibido, hay que emplear el tiempo, ya no en lo bueno, sino en lo mejor. En ese momento el invitado prefería que le prestasen escucha serena a una mesa bien preparada. Habrá veces en que el Señor pida esmero en las tareas cotidianas o trabajos lejos de casa, pero allí privilegiaba los oídos atentos. No parece haber aquí dilema entre hacer y orar, vida activa y contemplativa, sino más bien una invitación en emplear el tiempo en lo mejor, en aquello que Dios pide en cada momento. Esto requiere una amistad intensa con Él, para conocerlo y saber qué ofrece, qué solicita.

 

Los tres huéspedes de Abrahán y Sara se quedaron a la puerta de la tienda, y fueron recibidos con lo mejor de aquella casa. Jesús pasó al interior de la casa de Marta y María. San Pablo habla de una hospitalidad aún mayor, aquella donde se le abren las entrañas hasta sufrir los dolores de Cristo por los hermanos, por la Iglesia. Donde llega Cristo con su pasión y su cruz y se le abre gustoso, se produce el encuentro más íntimo donde el huésped se convierte en el amigo íntimo del que nunca te separarás. Es el grado más alto de relación con el Maestro; todo el tiempo queda centrado en Él y ya solo te conformas con lo mejor. Tu casa se abre entonces sin reservas a la fraternidad, hasta el punto de sufrir por el sufrimiento de los demás y tu hogar, convertido en casa de Dios, es lugar de descanso para todo peregrino que quiera amistad con Cristo. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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