Ciclo C

SOLEMNIDAD DE PENTECOTÉS. DÍA DEL APOSTOLADO SEGLAR. DOMINGO 5 DE JUNIO DE 2022

Jn 20, 19-23: “Recibid el Espíritu Santo”.

 

Los que cabían en una estancia y aun sobraba sitio, se encontraron de repente con que el mundo se les quedaba pequeño. La transformación sucedió por la complicidad de la acción trinitaria. Dios Padre los escogió, el Hijo los enseñó y compartió vida con ellos, el Espíritu provocó la fecundidad de todo lo que habían recibido. Fue entonces cuando el Espíritu empapó su tierra rebosante de semilla, cuando dejaron caber donde cabían. Acababa de nacer la Iglesia.

            La fortaleza y prosperidad de esta Iglesia no está en sus dimensiones, ni en la cantidad de fieles, sino en la incapacidad de ser contenida por nadie ni por nada. Lo que rebosa se vierte y se expande. Los intentos para someterla a cierto tipo de estructuras, de controlarla, de mantenerla en unas formas entendidas como correctas o clásicas, de que esté constituida por los más cualificados o moralmente más aptos, de adaptarla a las modas doctrinales o disciplinares del momento… han fracasado. La Iglesia es humanamente indomable y, aunque su estructura le aporta un eje vertebral absolutamente imprescindible, no la coarta, sino que la empuja a irradiar frescura, allegarse a todos, proteger la verdad, contagiar la comunión y hacer visible el Reino.

            De caber en algún lugar haría sospechar que a su huésped más activo, el Espíritu, le ha sido restringida su entrada. Y, sin embargo, sí que caben en el espacio más abierto en tiempo y lugar, que es su morada ininterrumpida en la que reciben y comparten, la Eucaristía.

            Una antigua tradición cuenta que los apóstoles, tras recibir el Espíritu, decidieron partir en misión hacia todos los puntos cardinales para anunciar la alegría del Evangelio. Antes de partir, convinieron en compartir el núcleo de su fe con una fórmula común para que todos transmitieran las mismas palabras. Cada uno de ellos aportó un artículo de lo que hoy se conoce como el Credo de los Apóstoles. El Espíritu los fue llevando lejos sin que nunca dejasen de estar cerca y en comunión. Aún la misión iniciada con ellos no ha culminado. Todavía nos sobra espacio; cabemos con excesiva holgura porque el Espíritu no lo ha llenado todo. Y esto tiene sus consecuencias: además de no ser todo lo fecundos que podríamos y deberíamos, dejamos espacio para otras cosas, por tanto, al pecado, que ocupa un lugar impropio donde deberíamos encontrar las huellas del Espíritu.

            La Iglesia en salida es la Iglesia que no quiere caber en lo de antes, en las inercias cómodas o cobardes o inconscientes. La Iglesia de la misión es la que refresca constantemente que es la Esposa de Cristo para que la multitud de hombres tena el gozo de conocer y seguir al Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado. La Iglesia de comunión es la que cuida, valora y potencia los carismas en torno a una misma mesa. La Iglesia de la caridad es la que acerca el consuelo de Cristo acogiendo al vulnerable y necesitado. La Iglesia fermento es la que no se detiene en el número, sino que vibra para llegar a todos, aunque sea desde unos pocos. Una Iglesia así no puede caber en ningún sitio, porque no hay lugar para contener tanto Espíritu, pero al mismo tiempo es su casa, siempre abierta, siempre acogedora, siempre en misión incontenible.  

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana Amoris Laetitia 2021/2022

La Voz de Papa Francisco

Xtantos

Imagen, frase de la Semana

"Bienaventurados los corazones flexibles, porque no se romperán" (San Francisco de Sales)