Ciclo C

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR. DÍA DEL CATEQUISTA NATIVO. 6 de enero de 2022

Is 60,1-6: ¡La gloria del Señor amanece sobre ti!

Sal 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Efesios 3,2-3a.5-6: También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo.

Mt 2,1-12: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?

Los Magos de Oriente fueron demasiado lejos. Tanto como lo que dio de sí la estrella, pero un poco más. El mensaje de Dios les llegó seduciendo con la luz de aquello que atrapaba su atención cotidianamente. ¿Peritos de la ciencia?, ¿poetas de los astros?, ¿comisarios del arte celeste?  Fuera el ramal que fuera, y, a lo mejor, los tres a la vez (e incluso más) el Altísimo no acercó su Palaba a ellos, sino por medio de lo que ya conocían y lo que les apasionaba.

Una pasión puede hacernos llegar muy lejos. La vida cobra un sentido orientado hacia aquello por lo que vibras, gastas dinero, renuncias a otras actividades y te provoca hablar con auténtico entusiasmo. ¿Hasta dónde? Hasta donde dé de sí la seducción. Los magos no se detuvieron en la singularidad de la estrella, sino que la interpretaron como signo. Por muy astros que fuesen, entendían que no se movían a capricho ni aparecían arbitrariamente, sino al servicio de alguien que los orquestaba para decirnos a los humanos.

Demasiado lejos para una estrella; demasiado lejos para una intuición e incluso para una profecía. No demasiado para una certeza anunciada por el cosmos. Al mensajero se le concebía menor que al mensaje; a la estrella que al Niño. Porque, por mucho que dé de sí la profesión, la pasión, la afición… llevará demasiado lejos, si no lleva más allá del signo mismo. Los Magos rebasaron la estrella para encontrarse con un Niño, un Niño Dios. El Dios con nosotros, cercanísimo, les empujó a hacer un largo viaje, donde su ciencia los sostuvo en el camino, pero quedó corta ante el hecho hacia el que se les guiaba. A María, José y los pastores fue un ángel el que les acercó al Hijo de Dios. A José entre sueños, a los pastores en su trabajo, a María en su pueblo. Todos hijos de Israel, todos conocedores de las Escrituras y esperanzas en el Mesías. A estos Magos ajenos a la fe de Israel, el acercamiento fue a través de su mundo, el cósmico. Pero llegaron a lo mismo, al mismo. Por un camino tan lejano, lo encontraron también, porque Él se dejó encontrar. El Niño era para todos y a todos se les hará posible hallarlo. Por cualquier de los cauces humanos y celestes. Esta es la certeza que se proclama hoy: ha nacido para la salvación de toda la humanidad y de todo lo humano, nada de lo que somos quedará sin encuentro con el Salvador. Tan lejos ha querido llegar Dios para con nosotros; demasiado lejos, para ser todo un Dios y nosotros sus criaturas. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

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