Ciclo B

Exposición del Santísimo

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  • San Pedro Apóstol

  Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30

  • Santa María la Mayor

  Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30

  • Las Mínimas

  Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00

Acercate a la Oración

jesus 7502413 1280«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»  

Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer... 

 Todos los VIERNES a las 20:00 horas.

 En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.

DOMINGO V DEL T. ORDINARIO (ciclo A). Campaña contra el hambre de Manos Unidas. 8 de febrero de 2026

Is 58,7-10: Parte tu pan con el hambriento.

Sal 111: El justo brilla en las tinieblas como una luz.

1Co 2,1-5: Nunca me aprecié entre vosotros de saber alguna cosa, sino a Jesucristo crucificado.

Mt 5,13-16: Brille así vuestra luz ante los hombres.

 

Una palabra escuchada o escrita activa un contenido en nuestra mente con el que identificamos el significado de lo que se nos quiere transmitir. Bajo el nombre de la sal y la luz, los oyentes del Maestro entendían básicamente lo que nosotros hoy también podemos, pero aún más. Un judío de aquella época identificaba fácilmente la sal con la ofrenda del sacrificio en el templo. “No ofrezcáis a Dios un sacrificio sin salar” ordenaba el libro del Levítico (2,13). La ofrenda al Señor debía estar embadurnada en sal como signo de la protección divina a su Pueblo, como símbolo de unión y fidelidad. Preparar para Dios una oblación sabrosa, con el esmero con el que cada casa dispone el plato del banquete con que se alimenta y celebra el don del Altísimo. Escuchar habla de luz, les remitía al inicio del libro del Génesis. El “Hágase la luz” abre la tarea creadora y manifiesta la presencia de Dios, su sabiduría, su providencia en todo cuanto acontezca a lo largo de la semana de creación y su desarrollo por los siglos. Sal y luz abrazan en este contexto un significado convergente: la primacía de la presencia divina como origen de todo ser y de toda acción. El “vosotros sois” completado con estas imágenes permite intuir a sus oyentes que habla de un origen que procede de Dios, que hace participar de su ser y que otorga el poder para llevar su protección (sal) y su presencia sabia (luz) a todo lugar donde los suyos estén; a toda relación; a todo proyecto, pensamiento, actividad… que deben ser ofrecidos al Padre por sus hijos.

En todo momento en el que en la Palabra de esta liturgia está apareciendo la luz, remite a su manantial, que es Dios y explicita el ministerio luminoso que cada creyente debe desempeñar como portador de esa luz que le viene de su Señor. Las buenas obras son hijas de este alumbramiento y, a través de ellas, se despierta en quienes lo observan el reconocimiento de la presencia de Dios para darle gloria.

Esa luz de lo Alto que llega al creyente estrecha el vínculo con el necesitado. La visión del estado en el que se encuentra el que no tiene, sea comida, ropa u hospedaje, incide en la mente y el corazón iluminados por Dios y provoca el significado de la atención. Al partir el pan con el hambriento, en palabras del profeta Isaías, no solo se tiene un gesto generoso, sino que produce la transformación por la que dos ajenos se convierten en “compañeros”, en dos que comen del mismo pan. Y no solo, sino también la consideración de dos que tienen el mismo padre, de quien procede el regalo del pan, que ama sin medida a ambos y a todos, y por tanto, nos llama a la fraternidad como una vocación necesaria. ¿Cómo dejar sin alimento, sin vestido, sin hospedaje a tu hermano, a un hijo de Dios Padre?

Solo desde la luz de Dios descubrimos al que necesita, las estructuras que oprimen y generan injusticias contra nuestros semejantes, amados de Dios; solo desde la luz de Dios se puede enternecer nuestro corazón para orar, actuar y trabajar juntos en la guerra contra el hambre y toda maldad. Y la luz de la sabiduría divina la contemplamos de modo impresionante en la Cristo crucificado. Se hizo pobre, despojado, indigente para colmarnos a nosotros con su salvación. Esta es la luz de la sabiduría que nos conecta con la realidad para dar gloria a Dios en ella, amando, trabajando por su Reino y nos abre a la esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva.

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