Ciclo B

Exposición del Santísimo

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  • San Pedro Apóstol

  Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30

  • Santa María la Mayor

  Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30

  • Las Mínimas

  Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00

Acercate a la Oración

jesus 7502413 1280«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»  

Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer... 

 Todos los VIERNES a las 20:00 horas.

 En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (ciclo A). 11 de enero de 2026

Is 42,1-4.6-7: Mirad a mi siervo.

Salmo 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hch 10, 34-38: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo.

Mt 3, 13-17: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.

 

En unos pocos días hemos pasado de contemplar al niño recién nacido a presentárnoslo ya mozo. Los evangelios ocultan lo que todo sabemos que va de niño a adulto: aprendizaje a través de la educación familiar y del entorno, acontecimientos, experiencias y la necesaria obediencia para madurar y convertirse en una persona autónoma en decisiones y responsabilidades. Tuvo que experimentar también la prohibición y el límite, necesarias para forjar una libertad consistente; y el ejercicio de la libertad, proporcional en cada etapa de la vida, le llevaba a la obediencia, a ratificar con su vida que es verdadero hijo de Dios.

Al padre le corresponde enseñar y al hijo aprender obedeciendo. Y, mientras, el padre va aprendiendo y al hijo enseñando a su modo. Vital será la confianza del hijo hacia el padre, para recibir dócilmente y asimilar lo que le venga de sus educadores. Es lo que se nos pide a nosotros: la obediencia a nuestro Padre. Para ello, la invitación a mirar al Hijo, al que Isaías llama siervo. En algunos idiomas la palabra hijo y siervo son intercambiables en ambos casos prima la obediencia. El siervo al que se nos pide mirar tiene la prerrogativa de implantar la justicia en el mundo, como el hijo que quiere llevar lo de su padre a los demás, como cosa buena y necesaria. La siembra de injusticias internacionales y domésticas tan patente nos puede descorazonar. El Hijo de Dios abre a la esperanza desde otra dimensión, donde su poder sobre el corazón humano a través de su Espíritu es garantía de éxito en orden a la paz. La serie de expresiones de Isaías nos lo sugieren: un siervo que trabaja de modo silencioso y eficaz, que no viene a desechar al frágil o herido, sino a sanarlo, que trae el derecho de Dios.

Entre humanos, el derecho facilita la convivencia para evitar abusos e injusticias notables. El derecho que viene de Dios corresponde a su plan de salvación, donde busca que participemos de la vida divina. No atiende a una convivencia tolerante y de respeto, sino a la fraternidad, donde cada uno ha de responsabilizarse de cómo ser buen hijo siendo buen hermano, donde no puede no puede haber indiferencia ante quien sufre ni faltar alegría con quienes se alegran.

Jesús se acerca al Jordán movido por su obediencia al Padre. Allí va a recibir el Espíritu Santo para abrir una nueva etapa de su condición de hijo. Antes hijo en el anonimato de una vida oculta de matriz doméstica, ahora igualmente hijo, pero entregado a la misión con la predicación del Reino y la vida itinerante para enseñar y hace milagros. Este cambio es posible, porque el Espíritu Santo recibido de modo especial en el Jordán lo cualifica para ello.

Y nosotros, ¿qué tal cuidamos nuestra condición de hijos de Dios? Habiendo recibido esta dignidad, la mayor de las posibles, inimaginable más que por gracia divina, ¿nos esmeramos en responder al Padre en obediencia? Bendito Dios que ha querido hacernos hijos suyos, aunque no seamos conscientes de la grandeza de esta gracia.

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