Ciclo A

Exposición del Santísimo Y Oración

 

Exposición del Santísimo 

En San Pedro Apóstol TODOS LOS JUEVES de 19.30 a 20.30

En Santa María TODOS LOS DOMIGOS de 19.00 a 19.30

En Las Mínimas TODA la mañana de 9.30 a 13.00

 

 

 

 

 

 

DOMINGO XIII DEL T. ORDINARIO (ciclo A). 2 de julio de 2023

2Re 4,8-16: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»
Sal 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Rm 6,3-11: Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.

Mt 10,37-42: El que pierda su vida por mí, la encontrará.

 

A la muerte se la combate con la vida; por lo que solemos litigar con más frecuencia de la que sospechamos, porque tenemos morir. Buscamos motivos con los que alejar de nosotros los indicios que van anunciando la cercanía de nuestro final. Por eso luchamos contra todo aquello que pueda atentar contra lo que entendemos vida y su bienestar: la enfermedad, la adversidad económica, el deterioro físico, la irrelevancia social, el aburrimiento… y muchas otras cosas que nos suenen a decrepitud, amenaza, muerte.

Mientras nos esforzamos en aparentar como que no morimos, sin poder retener el tiempo, podemos ir gastando la vida de modo estéril, acercándonos, sorprendentemente a algo mucho más terrible que la muerte a la que tememos que nos llegue por cualquier de los flancos que intentamos defender: el asesinato de nuestras posibilidades por dar vida a algo superficial y estéril, que no da sentido a la existencia.

Muerte y vida convergen insistentes en las lecturas de este domingo. Un matrimonio generoso favorece a un hombre de Dios, el profeta Eliseo, proporcionándole un hogar. Son capaces de reconocer la santidad y albergarla en casa. En premio, el profeta intercederá para que aquella casa donde se ha hospedado se llene de vida con un hijo que nacerá el año siguiente de este matrimonio. El cuidado de la vida ajena engendra vida en la propia casa.

El lugar donde la confluencia entre muerte y vida se hace más patente es en el bautismo. Para introducirse en la vida del Espíritu que proporciona el sacramento es necesario renunciar a la vida vieja, esa que se afanaba en protegerse de los peligros de la muerte, como expresa Pablo en la segunda lectura de la Carta a los Romanos. Cambia el mismo concepto de muerte y sus amenazas: ahora es el pecado lo que más preocupa; la desobediencia, el rechazo al Espíritu de Dios, porque se aspira a la vida eterna, a la vida plena. El camino se llena de un sentido distinto, porque se trabaja por preparar a Dios un hogar en el corazón propio que hace posible el Espíritu Santo por el sacramento del bautismo. Se muere a lo que nos llenaba de preocupaciones para que el único interés y trabajo sea por el amor.

Desde esta clave se entienden las renuncias a las que invita el Maestro en el Evangelio: perder su vida por Él para ganarla. Incluso los vínculos vitales más fuertes, unidos a la sangre (padre, madre, hijos), han de posponerse para dejarle prioridad al Señor, el único que puede dar la vida plena y vencer en nosotros toda muerte; el único que proporciona el sentido por el que obtenemos una diferente percepción de lo que somos y cuál es nuestra meta. Ante Él y su oferta de salvación, el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, todo lo demás nos ha de parecer basura e inconsistencia.

Quienes acojan a los mensajes de esta verdad, a los profetas y justos; quienes tengan estima y favorezcan a los discípulos de Jesús, amigos de la vida verdadera, recibirán recompensa de vida. 

Programación Pastoral 2021-2022