Navidad

Navidad

NAVIDAD

Hoy nos ha nacido un Salvador,

el Mesías, el Señor.

          Cada año la comunidad cristiana, el 25 de diciembre, celebra la Natividad del Hijo de Dios, preparada por cuatro semanas de Adviento y prolongada por la octava de Navidad, hasta el 1 de enero, y el resto del Tiempo de Navidad, hasta el domingo siguiente a la Epifanía, el domingo del Bautismo del Señor.

         La palabra “Navidad” procede del vocablo latino nativitas que significa “nacimiento”. Los evangelios de Mateo y Lucas refieren el nacimiento de Jesús en Belén. Lucas añade que María dio a luz en una cuadra de animales, ya que no había sitio en la posada. En cambio, los apócrifos aportan muchos detalles que han pasado en la tradición popular: la gruta, el buey y la mula, la estrella luminosa en el portal. La fiesta de navidad o del nacimiento de Jesús se celebra el 25 de diciembre, día en que los paganos conmemoraban el nacimiento del sol invicto o sol que triunfa de las tinieblas, al considerar que la noche precedente era la más larga del año.

          Navidad es una de las fiestas religiosas más importantes de los calendarios occidentales, religiosos y civiles que marcan los ritmos laborales y festivos de medio mundo. Es una fiesta popular centrada en el niño Jesús, el belén, el árbol y los villancicos. Es fiesta familiar que reúne a los miembros dispersos e intensifica la vida hogareña. Es fiesta fraternal en la que se intercambian felicitaciones y regalos los amigos. Pero la navidad también ha adquirido un sentido comercial, por el relieve que tiene en esos días la sociedad de consumo y por la decoración e iluminación de calles y hogares. Incluso sirve de ocasión para los discursos de diversos mandatarios. Ante esta multiplicidad de direcciones, es necesario preguntarse por el sentido cristiano de la Navidad.

         La Navidad conmemora el nacimiento histórico de Jesús, es decir, celebrar el misterio e Dios hecho hombre o la manifestación del Señor en la historia. El verbo adquiere la experiencia humana de la compasión y la solidaridad. La encarnación de Jesús es “abajamiento” que termina en la muerte, inicio de su retorno glorioso al Padre.

 La Navidad nos descubre quién es Jesús y su Buena Noticia. Nos muestra la pobreza en la que se encarna Dios y nos invita a celebrarla con paz, alegría y sobriedad. Manifiesta que Dios se ha hecho en todo semejante a los hombres y ha dado a conocer la benignidad y el amor entre nosotros. Ante la grandeza del misterio de Dios encarnado, la actitud de la Iglesia y de los cristianos es de admiración, alabanza, contemplación y agradecimiento.

 HISTORIA

La celebración del Nacimiento del Señor, fiesta tan arraigada en la piedad de la Iglesia y en la religiosidad popular, muy sentida dentro de nuestra propia cultura contemporánea, aun estando tan predominada por el consumismo atroz, no es la primera fiesta cristiana, ni tampoco intenta competir por sus orígenes e importancia con la Pascua, pero sí encierra, una compleja historia, acompañada por una fuerte teología y una grandiosa espiritualidad. Dentro de estos aspectos lo que celebramos es el NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN LA CARNE.

  Llegado a este punto partimos preguntando por los orígenes de la celebración litúrgica de la Navidad. Parece que se remonta a tiempos muy lejanos, bastantes lejanos. Aquella gruta primitiva que los primeros cristianos veneraron fue profanada pero no destruida por los romanos. En el año 135 de la era cristiana, el emperador Adriano mandó o dispuso que fuera recubierta por un bosquecillo sagrado e implanto el culto de Adón (dios-espíritu de la vegetación). Los Padres de la Iglesia como Justino y Orígenes hablan de la gruta en la que nació Jesús encontrándose en Belén. Según la hipótesis de un especialista del judeo-cristianismo, el fraile franciscano E. Testa, los primeros cristianos de Palestina revivían aquel acontecimiento del nacimiento del Señor en el mismo lugar donde se había realizado, en el mismo sitio donde el Verbo de Dios se había nacido dentro del contexto humano y cultural.

  En los Oráculos Sibilinos y en las Odas de Salomón se habla del maravilloso parto de María Virgen, que según el evangelio de Santiago, evangelio no canónico, se relata como dos mujeres atestiguan la virginidad de María y cuidan del Niño después del Parto. He aquí cómo canta la Oda de Salomón n. 19 el parto maravilloso de la Virgen:

 El Espíritu Santo abrió su seno,

 Ella concibió y dio a luz

 y la Virgen vino a ser Madre por su gracia grande.

 Se quedó embarazada y dio a luz,

 un hijo sin dolores.

 Esto aconteció no sin razón.

 No tuvo necesidad de ayuda para dar a luz,

 porque Él mismo es el Dador de la vida.

 

En el año 326, sobre la gruta, Santa Elena construyó la basílica de la Natividad; el altar se coloca justamente en el piso superior sobre la gruta, con una rendija que permite contemplar el lugar donde nació el Señor. En el Siglo IV, según el testimonio de la peregrina Egeria, en los primeros día de enero se celebra una solemne vigilia en la gruta de la Natividad, pero como fiesta entorno a la Epifanía o manifestación del Señor. La fiesta dura durante ocho días. Y cuarenta días más tarde, según el cómputo evangélico, se celebra en Jerusalén la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo. Tanto estas fiestas, como el lugar, vividas y contadas por los peregrinos de Jerusalén, será lo que certifique la validez de tal celebración de la Natividad del Señor, implantándose en otras iglesias como celebración nocturna de Navidad.


 La fiesta romana de la Navidad:

  Mientras en toda la Iglesia de Oriente y parte de Occidente en el siglo IV se celebra comúnmente la Manifestación del Señor el 6 de Enero, será en Roma hacia la mitad de este siglo como se celebrará la fiesta de la Navidad el 25 de diciembre en honor del Nacimiento del Señor.

  En el calendario Cronógrafo Romano compuesto por Furio Dionisio Filócalo hacia el 354, recoge el texto recibido por tradición un texto correspondiente a una fiesta del 25 de diciembre que corresponde al “Natalis solis invicti” –Nacimiento del Sol Invencible- que dice así: “VIII Kalendas Ianuarii. Natus Christus in Betlehem Iudeae”, es decir: 25 de diciembre, Nace Cristo en Belén de Judá. Con lo cual nos viene a decir, que los cristianos de Roma en los primeros decenios del siglo IV han fijado en la fiesta civil romana del Sol Invicto, el 25 de diciembre, la conmemoración e la Natividad del Señor. Fiesta semejante a la de la luz en Oriente que se celebra el 6 de enero, evocando la victoria del sol sobre las tinieblas al inicio del solsticio del invierno. Los cristianos mostraron su interés para cristianizar esta celebración o fiesta, aplicando al nacimiento de Jesús el sentido simbólico del nacimiento del sol en el solsticio de invierno, ya que es él el verdadero sol de justicia, sol que nace de lo alto, luz que vence las tinieblas. Los Padres de la Iglesia siempre han atribuido el concepto de “sol” en cuanto a la teología de la luz, a la persona de Cristo.

 Pero surge la pregunta: ¿cómo ha sido fijada la fecha del nacimiento del Señor el 25 de diciembre, cuando nada concreto nos dicen los evangelios respecto a la época del año en que nació el Señor? La respuesta no es nada fácil. En los cómputos de los primeros siglos se fija esta fecha como hemos explicado anteriormente. El 25 de marzo una serie de hechos coincidentes de la historia de la salvación se dan: es el día del inicio de la creación, es decir, de la Encarnación del Verbo. Y si se cuenta a partir de este día suman nueve meses el 25 de diciembre. Para los cristianos el Sol naciente, es la luz del mundo, el Sol de justicia que alumbra a todos los hombres. Esa Luz o ese Sol es Cristo. En el siglo IV tanto en Oriente como en Occidente apoyado en la teología de algunos Santos Padres como San Agustín fijan la fecha de este día como fiesta cristiana para celebrar el Nacimiento del Señor. Dice así San Agustín: “También la creación está de acuerdo con nuestro ordenamiento porque hasta aquel día crecen las tinieblas y desde aquel día, en cambio, decrecen las tinieblas y crece la luz, esto es, crece el día, disminuye el error y entra la verdad: hoy nace nuestro sol de justicia” . (cf. De Trinitate 42: PL 894)

 

 En el siglo VI, la fiesta del Nacimiento del Señor se enriquece en Roma con la celebración de varias misas. La primera es la misa estacional en San Pedro, quizás porque es el lugar que recordaba la transformación de la fiesta pagana en fiesta cristiana. Se introduce una misa nocturna, a media noche, llegándose a celebrar como Pascua con una vigilia nocturna que tendrá arraigo en el pueblo fiel.

 Llegando a la Edad Media se llega a conservar la celebración nocturna celebrando la fiesta: “Nativitas Domini Nostri Iesu Christi secundum carnem”: Es el Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, según la carne. En esta época concretamente en el año 1223, según un joven fraile perteneciente a la orden mendicante de los franciscanos, llamado y reconocido por muchos como el Padre Francisco de Asís, quien escenifique con Imágenes o figuras las distintas escenas de Belén, representando el Misterio de Navidad. Este gesto caló muy profundamente dentro de la religiosidad del pueblo acercándose más al Misterio divino que se refleja. Es en esta escenificación donde se intuye la humanidad de Cristo, al Niño envuelto en pañales, con una meditación que suscita ternura y compasión. Dios se hace hombre, es uno de los nuestros. Dios de carne y hueso, toma nuestra naturaleza.

  Todo esto se ha mantenido a través de los siglos, la historia habla por sí misma, hace una reflexión de lo vivido y sabe interpretar la verdad. Pero, ¿y hoy?, ¿Qué decir de la Navidad hoy? Se puede decir que es una fiesta que ha penetrado fuertemente en nuestra cultura. Una fiesta que irradia sentimientos de pobreza se ha considerado muy a lo general como una fiesta de la sociedad de consumo. Si en el siglo IV los cristianos han cristianizado una fiesta pagana, en el siglo XXI una fiesta cristiana ha sido o está siendo en parte paganizada o secularizada. ¿Por qué?

 La solemnidad de Navidad, preparada a lo largo de las cuatro semanas anteriores que son las semanas del Adviento, se introduce o comienza con las primeras vísperas del día 24 de diciembre, se celebra con la vigilia y la misa de medianoche, una de las más solemnes vigilias del año. Se prolonga además con la misa de la aurora y del día, siguiendo la antigua tradición romana; se solemniza con una octava y se enriquece con la celebración de algunos santos. Y lo que realmente celebramos es como afirma el Papa León Magno: “el nacimiento de Cristo es el nacimiento de la Paz”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana El Acompañamiento personal, Espiritual y Pastoral

La Voz de Papa Francisco

Xtantos