Ciclo A

Exposición del Santísimo Y Oración

 

Exposición del Santísimo 

En San Pedro Apóstol TODOS LOS JUEVES de 19.30 a 20.30

En Santa María TODOS LOS DOMIGOS de 19.00 a 19.30

En Las Mínimas TODA la mañana de 9.30 a 13.00

 

 

 

 

 

 

DOMINGO XIII DEL T. ORDINARIO (ciclo A). 25 de junio de 2023

Jer 20,10-13: Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Sal 68: Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Rm 5,12-15: La gracia otorgada por Dios sobró para la multitud.

Mt 10,26-33: “No tengáis miedo”.

Estamos en diálogo permanente con lo que nos rodea y nuestro interior contesta a lo que se va encontrando con diferentes respuestas como las emociones, que anteceden a cualquier decisión y la condicionan. Sin pretensión de ser rigurosos, dada la complejidad del corazón y de la mente, pueden distinguirse seis emociones básicas: alegría, sorpresa, ira, tristeza, asco y miedo.

¿Cómo reaccionamos cuando detectamos una posible amenaza, cualquier cosa que nos pueda causar un daño físico o psíquico o afectivo? Suele ser con miedo; por medio de esta sensación desagradable estamos siendo precavidos de que eso que está ahí o se acerca es peligroso y puede hacernos daño.

Entre los miedos hay pequeños y grandes, fugaces y persistentes, razonables o inverosímiles, comunes y particulares. ¿Cuáles son nuestros miedos más frecuentes, los más preocupantes, los que más condicionan nuestra vida? Muy probablemente los que pensamos que ponen en riesgo nuestra existencia (por sufrimiento, deterioro físico o por cercanía con la muerte) y, más aún, los que apuntan a que nuestra vida no significa nada, porque no le importamos a nadie y dejamos de encontrar motivos para vivir (miedo a no ser realmente queridos). Las consecuencias de esto pueden ser terribles: desde un estado permanente de preocupación excesiva y tensión, hasta la angustia, y una necesidad de llenar la vida de cosas o de relaciones efímeras. También, por otra parte, el intento copiar las vidas que nos parecen exitosas o de permanecer tristemente pasivos, bloqueados o ausentes.

La liturgia de este domingo ofrece unas lecturas donde elementos en torno al miedo aparecen insistentemente. ¿Ofrece Dios algún recurso para paliarlo o encauzarlo? Jeremías responde. Ante la hostilidad y la agresividad que encuentra alrededor por parte de sus paisanos, sabía que Dios estaba con él y que la victoria sería suya frente a los planes malvados de los que querían su daño. El salmo nos invita a repetir la súplica de quien está en apuros. La confianza en Dios le permite sostener la esperanza. Por eso puede decir: “Buscad al Señor y revivirá vuestro corazón”. En la Carta a los Romanos Pablo muestra que aquello a lo que debemos tener verdadero miedo, aversión y rechazo es al pecado, a apartarnos de Dios. La explicación es que somos nosotros mismos, nuestras decisiones, a quienes más miedo debemos tener, porque decidimos seguir el bien o el mal. En nuestra libertad se encuentra la elección por la vida o por la muerte.

Escoger la vida lleva a apostar por Cristo. Su resurrección amansa los miedos contra nuestra integridad física, porque nos da la certeza de que esta vida es pasajera y nuestro cuerpo recibirá la gloria cuando resucite. Junto a ello y como causa de ello, encontramos en nuestro Dios al que escucha siempre y busca nuestro bien. No puede defraudar y la vida se llena de su amor cuando descubrimos su misericordia y cómo, por amor a cada uno de nosotros, ha entregado la vida de su Hijo para que tengamos nosotros vida eterna. Reconociendo a Dios como nuestro Padre, refugio, alcázar, liberador… el miedo es superado por la confianza en quien sabemos que no nos va a abandonar. Mucho más poderoso que el peligro de que alguien o algo nos haga daño es sabernos de la mano de Dios y esperar en su intervención. Esto también produce frutos de paz, alegría, búsqueda de la justicia, preocupación por los demás. Lo que libera del miedo paralizante trabaja por la vida, encaminados hacia la resurrección.  

Programación Pastoral 2021-2022