Ciclo B

Exposición del Santísimo Y Oración

 

Exposición del Santísimo 

En San Pedro Apóstol TODOS LOS JUEVES de 19.30 a 20.30

En Santa María TODOS LOS DOMIGOS de 19.00 a 19.30

En Las Mínimas TODA la mañana de 9.30 a 13.00

 

 

 

 

 

 

DOMINGO II DE ADVIENTO (ciclo B). 10 de diciembre de 2023

Is 40,1-5.9-11: “Aquí está vuestro Dios”.

Sal 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

1Pe 3,8-14: El Señor tiene mucha paciencia con vosotros.

Mc 1,1-8: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino”.

 

Canta la madre como con susurro su nana a su niño para causarle paz. Lo acaricia con una voz sin asperezas, entregada a la ternura, para que se sienta protegido y pueda descansar. Se le acerca la voz casi pegándola al oído, buscando la intimidad y el cuidado en exclusividad, hablando al corazón, llevando un consuelo que brota de su palabra y su gesto. Toda su atención para él, hasta que la paz le lleve al sueño.

            Canta el profeta la ternura de su amigo por su pueblo. Lo hace a gritos, como contradiciendo a la nana. Lo hace así para quienes perdieron la inocencia infantil, habiéndose enfangado en la desobediencia de su pecado, para quienes han atravesado la amargura pedagógica del castigo, para quienes ahora quiere consolar anunciándoles esperanza. Están hechos para la vida no para la muerte. El sufrimiento padecido es fruto de su rebeldía contra Dios, al que no escucharon; pero ese trance desagradable no es estéril, ha abierto un espacio para ahondar en el significado de los acontecimientos. El grito irrumpe con más fuerza que los ruidos que los envuelven y que encapsulan en la tristeza y la frustración. Alza la voz el profeta para que ellos alcen el oído y atiendan unas palabras que se sobreponen sobre la desolación del desastre sufrido.  

Dios preparó un destierro para el pueblo rebelde, la lejanía de la casa de sus padres, de la tierra de sus amores. Fueron apartados de lo suyo para entender que el único es Dios. ¿De qué valía hacer familia para confabularse en el pecado? Quedándose solitario de sus cosas de antes, como en desierto, tendría mejor ocasión para escuchar a su Señor. Ahora ya puede Dios consolar, porque ellos quedaron pendientes de un consuelo necesario para su dolor.

            El Bautista eleva la voz como Isaías, como un nuevo proclamador de la misericordia divina en medio del hombre en su pecado. Lo hace también en el desierto, como evocando la vida yerma del creyente que ha de abrir un espacio de soledad para el encuentro con el Señor. El Evangelio de Marcos irrumpe anunciando al protagonista de su historia: Jesucristo, que es Buena noticia, que es Hijo de Dios. Comienza con una confesión de fe contundente que se va a ratificar al final de su relato, cuando el crucificado recién muerto sea reconocido como hijo de Dios por el militar romano.

            Pero ahora solo lo asoma brevemente para remitirnos poco después a Juan, como el precursor de este Hijo de Dios. El consuelo profético de Isaías, cuyo relevo toma el Bautista, ya no es suficiente. El bautismo de conversión al que invita Juan convoca a mucha gente. El evangelista utiliza incluso expresiones exageradas, dando a entender que se trataba de un acontecimiento masivo. Tan necesaria como el agua para la vida es el reconocimiento de los pecados para poder recibir el perdón de Dios. Pero ese perdón no lo concede Juan ni ningún profeta; ha de venir un salvador con poder sobre el mal. Y ahí está Jesucristo, al que Juan reconoce como aquel a quien no merece desatarle la correa de las sandalias.

            Si el desierto era preciso para que Dios recuperase el amor primero de los hombres, no lo dejará en el desierto, sino que hará de su vida un jardín próspero y bello con toda clase de frutos en el Espíritu. La destrucción del mundo de la Segunda carta de Pedro es signo de la nueva creación donde habitará la justicia. La obra de Dios no podrá quedar en ruinas, sino que será construida con esplendor.

Para ello, el Espíritu viene en nuestra ayuda con caricia de nana y grito de guerrero, para asumir nuestra responsabilidad como profetas del consuelo del Dios con nosotros. Siendo consolados somos convertidos en quienes acercamos el consuelo del Señor a este mundo. 

Programación Pastoral 2021-2022