Ciclo C

DOMINGO XXVIII T. ORDINARIO (C). 9 de octubre de 2016

 

2Re 5,14-17: “Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel”.

Sal 97,1.2-3ab.3cd-4: El Señor revela a las naciones su salvación.

2Tm 2,8-13: Haz memoria de Jesucristo.

Lc 17,11-19: “¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?”.

 

Las aguas del río Jordán, sin una particularidad destacable con respecto a las aguas de otros ríos y mares, por la palabra del profeta, sirvió para curarle la lepra a un extranjero, el general Naamán, el sirio. El camino hacia el sacerdote para cumplir con el ritual prescrito para la declaración de la pureza o impureza, se convirtió en ocasión para la salud en diez leprosos, por la palabra de un Profeta. Los dos relatos contienen elementos repetidos: un lugar habitual: un río y un camino; la palabra de profeta: Eliseo y Jesús; un extranjero enfermo: sirio y samaritano; un milagro de curación final en el lugar habitual; agradecimiento por la intervención de Dios.

            El arranque primero está en la existencia de algo que pone en peligro la vida y la relación con el mundo: la enfermedad de la lepra; y esto provoca el movimiento para buscar a un hombre de Dios capaz de sanar. El encuentro devuelve a realidades muy cotidianas y transitadas muchas veces, aunque con una clara diferencia: ahora es Dios el que, por medio del profeta, envía. Entonces esos lugares o momentos tan acostumbrados, por la Palabra de Dios, se convierten en espacios para algo nuevo que trae curación, salvación. De quien no cabía esperar, por ser ajeno a este “Dios con nosotros”, sorprende con un reconocimiento de su soberanía capaz de provocar una realidad nueva en ellos. El agradecimiento es la respuesta a la acción del Señor en sus vidas. En cambio, los propios, los de casa, no llegan a descubrir el milagro de Dios ni a valorarlo. ¿Por creerse con derecho a ello? ¿Por despiste? ¿Porque dejaron de sorprenderse y considerar maravillosas las intervenciones de Dios en sus vidas?


            “Haz memoria de Jesucristo”. Timoteo se veía así exhortado por estas palabras de san Pablo que llegan a nosotros. La capacidad para sorprendernos y apreciar la salvación de Jesucristo en mí está pendiente de mi memoria. No se trata de saber que Dios está ahí, ni de conocer la vida del Maestro en sus palabras y gestos, sino de descubrirlo activo en mi día a día. Su Palabra causa milagro en las realidades habituales, donde puedo experimentar (si es que realmente creo en el poder de su Palabra) curación, consuelo, paz, valentía… Para lo cual también es preciso que me vea en necesidad de encontrarme con Él: no sólo porque tengan una dolencia, preocupación o problema, sino porque sostengo el deseo de una plenitud mayor, cada vez más acendrada. La memoria se distrae sin dificultad en superficialidades o en la queja o en proyectos sin sustancia. Ocupada en Jesucristo, lo buscará a Él en todo lo que forma parte de nuestra vida y su Palabra presente en aquellos lugares por los que tantas veces pasamos antes los hará maravillosos, porque nos descubrirá que Él estaba ahí y no nos habíamos dado cuenta.

La realidad, entonces, adquiere para nosotros una luminosidad excepcional, porque todo lo antiguo aparece renovado con Cristo y nuestras vidas más agraciadas y agradecidas; con más deseo de encuentro con Él que está esperándonos con Palabra viva. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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