Ciclo C

Viernes Santo y Sábado Santo 2019

Jesús muere por AMOR a nosotros

"Padre a tus manos encomiendo mi Espíritu"

Ante el sepulcro María llora esperando en ORACIÓN su RESURRECCIÓN, esperando la VIDA que vence a toda muerte.

GRACIAS mi DIOS por tu inmenso AMOR

 

DOMINGO V DE CUARESMA (ciclo C). 7 de abril de 2019

 

Is 43,16-21: “Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?

Sal 125, 1-6: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Fp 3,8-14: Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

Jn 8,1-11: “Yo tampoco te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

 

El Dios de la Creación con poder sobre las aguas que abrió para que pasase su pueblo como no se había visto antes, el Dios de la Historia que liberó a los israelitas de Egipto de modo prodigioso, ¿dejará de causar la novedad? Quien sepa de esperanza, esperará en Él y observará que hizo redrojar y redroja el cultivo desahuciado. Anunciando el regreso de Israel de Babilonia, anuncia la nueva creación, completa al final de los tiempos. No os quedéis parados en las lágrimas, pues son anticipo de sonrisas y cantos. Porque Cristo ha muerto en la Cruz y ha perdonado todos los pecados; porque así nos ha hecho a nosotros capaces de pedirle perdón y recibirlo. Este es mayor prodigio que el de la salida de Egipto, que el de la conquista de la Tierra Prometida, que el de la vuelta del exilio, porque une todos estos momentos: liberación, salida, reconquista y regreso, en un solo acontecimiento: el perdón de los pecados, la conmiseración de la debilidad humana y la revalorización de toda carne, donde reside la imagen y semejanza divina.

Esta maravilla la rubricó Jesús para la eternidad en la Cruz. Pero aquella cruz repetía misericordia. Hasta allá nos lleva la lectura del evangelio de este domingo, hasta el retoño del perdón divino en una rama lastrada y a punto de ser tronchada. Él la cura para salvarla. Venía el Maestro del monte, donde había pasado la noche de retiro. Hablaron Padre e Hijo todo lo que dio de sí el tiempo hasta el amanecer y luego el Hijo, de madrugada, fue al templo a enseñar. Temprano escucharon la Palabra de Dios los judíos que ya visitaban el templo. Los vio el Nazareno y se puso a enseñarles. Más tarde vinieron otros judíos, escribas y fariseos, que habían madrugado también para cazar a una adúltera con la piedra de la ley. Hablaban de aplastarla con la roca como exigía la ley que manejaban. No concordaba el legislador de aquella ley con el que prometía hacer nuevas todas las cosas. ¿Dónde ofrecer la novedad a un pecador si se le ejecutaba a causa de su propio delito? Se segaba toda posibilidad de esperanza. Pretendían enseñar de leyes al que era la misma Ley de Dios. Y Dios volvió a legislar en su Hijo con la novedad que nadie se esperaba: novedad para los escribas y fariseos, al poner en evidencia su propio pecado (condición necesaria para que cualquier pueda ejercer la misericordia); novedad para la mujer, que quedaba toda renovada con un perdón imprevisto (tan inmerecido quizás desde su perspectiva, como querido desde la de Dios); novedad para los presentes, que aprendieron tanto de la misericordia divina y de la miseria humana.  El Dios creador recreó; el Dios liberador liberó; el Dios sorprendente sorprendió al amanecer con el nuevo día de aquella mujer de la que no sabemos su nombre, sino solo algo de su pecado y más de la misericordia recibida y acogida. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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