Ciclo C

Viernes Santo y Sábado Santo 2019

Jesús muere por AMOR a nosotros

"Padre a tus manos encomiendo mi Espíritu"

Ante el sepulcro María llora esperando en ORACIÓN su RESURRECCIÓN, esperando la VIDA que vence a toda muerte.

GRACIAS mi DIOS por tu inmenso AMOR

 

DOMINGO IV DE CUARESMA (ciclo C). LAETARE. 31 de marzo de 2019

 

Jos 5,9a.10-12: Y desde ese día en que comenzaron a comer de los productos de la tierra, cesó el maná.

Sal 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.

2Co 5,17-21: Ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Lc 15, 1-3.11-32: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”.

 

¿Invitarías a comer a un condenado por corrupción, a un toxicómano, a un borracho, a un pederasta…? Ciertamente yo no sé qué haría si se diera la ocasión, pero sí que sé lo que hizo Jesús por los que dijeron aquellos que no invitarían jamás a ninguna de las anteriores personas: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. Es probable que el Nazareno no solo se dejase invitar por ellos, sino que también fuese Él mismo el anfitrión. Y comer era un auténtico momento religioso para los judíos, uno de los lugares menos oportunos para acercarse a la gente menos oportuna. Las manchas hay que evitarlas mejor que limpiarlas. Jesucristo se dejó manchar por acercarse a la pringue de quienes incumplían la ley mosaica ofreciéndonos otra realidad de pureza diferente a la ritual judía.

            La parábola del padre misericordioso tiene una enjundia inagotable. Parece no resultar extraña una nítida distinción entre lo precioso de la historia y su práctica imposibilidad de realización. Cierto tipo de equidad o justicia ofrece unos reparos casi naturales a la resolución de la situación. Sorprende la falta de equilibrio y proporción hasta aparecer una especie de agravio entre los hijos, y, aún peor, una omisión de justicia con respecto al padre. No son pocos los elementos que cabrían esperar y son obviados: un arrepentimiento suficiente del hijo, una penitencia proporcional a la falta cometida, algún tipo de retribución hacia el padre y una compensación al hijo mayor como reconocimiento de su fidelidad. Todo ello queda olvidado, porque el absoluto protagonismo lo tiene la alegría paterna por el hijo recuperado. No minimiza la importancia del mal cometido: el padre habla de pérdida y de muerte, sino que supone tanta tristeza y tanto daño por observar cómo el hijo malogrado quiere recuperar su dignidad, que el perdón es una consecuencia de esa gozosa recuperación. Sin duda el padre antepone el bien del hijo a todos los supuestos resarcimientos en nombre de la justicia. La justicia para él es la vida de sus hijos que, en clave filial, no puede realizarse sin el vínculo con el padre y con los hermanos. Varias veces le recuerda al mayor de sus hijos la palabra “hermano” a la que conscientemente renuncia cuando nombra al menor como “ese hijo tuyo”.

            El ejercicio del contenido parabólico queda para quienes han sufrido el desagarro de vidas muy amadas voluntariamente destrozadas por decisiones terriblemente dañinas. El bien del hijo se supedita al deseo de resarcimiento de la afrenta y el dolor. Hace falta acercarse mucho a la paternidad de Dios, hace falta amar mucho, para una sana alegría sobre lo que sucede aquí y su práctica o, al menos, el intento.

            Esta es la alegría exquisita que nos ofrece este domingo que anticipa en la distancia, pequeña ya, la novedad purificadora de la Pascua. Lo que purifica es el amor sin límites de Cristo entregado para recuperarnos, para nuestra vida, hasta el punto de querernos consigo en la gloria de la Resurrección. ¿No es suficiente motivo para alegrarse? Habiendo sido hechos, lo explicitaba san Pablo en su Segunda Carta a los Corintios, mensajeros de la reconciliación, hemos de buscar esta alegría y alegrar a los demás con un perdón al modo del Padre celestial que realmente transforme nuestra realidad. Más motivos aún para la alegría y para hacer hueco a nuestra mesa a los predilectos de Dios para los que Él insiste continuamente ofreciéndoles (ofreciéndonos) vida. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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