Ciclo C

DOMINGO III T.ORDINARIO (ciclo C). 27 de enero de 2019

 

Neh 8,2-4a.5-6.8-10: 62,1-5: Todo el pueblo escuchaba con atención la lectura de la Ley.  

Sal 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

1Co 12,12-30: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.

Lc 1,1-4;4,14-21: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”.

 

A Lucas le llegaron muchas noticias sobre el Maestro de Nazaret, muchas de las cuales partieron de testigos oculares y continuadores de su obra. Y da testimonio de que, unos cincuenta años después de su muerte y resurrección, hacia el año 80, circulaban numerosos relatos sobre Jesús. Pero él no se contentó con haber recibido este material, sino que hace una investigación exhaustiva (investigándolo “todo diligentemente desde el principio”, nos dice) para dejarnos su propia narración sobre los acontecimientos. El resultado de su investigación es un relato ordenado desde el principio (que Lucas sitúa con el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista) ofrecido a un misterioso Teófilo. Quiere que sepa que lo que le han enseñado sobre Jesús está bien fundamentado.

            No es que este amigo de Pablo, Lucas el médico, fuera un desconfiado y no se creyera de lo que otros habían contado sobre Jesús, sino que el asunto le parecía de tal transcendencia, que quiso implicarse en la búsqueda de todo detalle con mucho esmero (según nos cuenta) y nos lo dejó por escrito. Acabó sabiendo, no por otros, sino por lo que él mismo encontró en su investigación. Y nosotros también podemos saber mejor del Nazareno por el interés que Lucas se tomó en que la letra recogiera el fruto de su rastreo. Si alcanzamos a saber sobre la vida de Jesús es gracias a Lucas y a los otros evangelistas, pero también a quienes les informaron a ellos y a todos los que después copiaron y copiaron los documentos con el interés de que no se perdiese nada de lo investigado sobre el Hijo de Dios hecho carne.

            Pero no queda ahí la investigación, sino que los textos evangélicos son un instrumento precioso para que sea particularmente cada cristiano quien busque a Jesucristo. De no ser así, el relato permanecería solo como una historia fantástica de otro personaje histórico importante, solo otro personaje, y no nos apropiaremos de esa letra, es decir, no nos suscitará tanto interés como para preguntarnos quién es este Jesús Nazareno para mí y su importancia en mi vida, para nuestro mundo y lo que le ha traído.

            ¿Por qué Jesús se ha hecho presente en nuestra historia? Lucas nos dice que en la sinagoga de su pueblo, Nazaret, comunicó una especie de programación respondiendo a esta pregunta: para evangelizar a los pobres, anunciar a los presos y a los oprimidos que serán liberados y a los ciegos que verán, que ha llegado el tiempo en el que Dios va a actuar de modo prodigioso: “el año de gracia del Señor”. Se apropiaba las palabras del profeta Isaías para hablar de sí mismo. ¿Y eso realmente fue así? Algunos se lo creyeron y se convirtieron en discípulos suyos a lo largo de la historia. ¿Nos lo creemos nosotros ahora?

            Antes de que Jesús naciese de María, el Pueblo de Israel también tenía relatos muy apreciados acerca de Dios. Los más estimados recibían el nombre de Torah o Pentateuco. Hablaban de un Dios creador y liberador que cuidaba a su pueblo acompañándolo en su historia. Son también historias sobre Cristo, pero de modo anticipado a su venida en la carne; nos hablan de Él pero aún en profecía, por lo que también son muy valiosos para los cristianos. Fue un momento de gran alegría, cuando, tras el desastre nacional del destierro y la destrucción del templo, encontraron sus queridas Escrituras, como nos cuenta el libro de Nehemías, un hábil político judío que servía en la corte del rey persa y que se acercó a su tierra para dirigir la reconstrucción del país.

            Honestamente, si nos interesa realmente Jesucristo, no podemos conformarnos sin más con las cosas que nos cuenten otros, incluso aunque sea un evangelista, sino que hemos de buscarlo para conocerlo más y darlo a conocer a los otros. Este es el sentido de esta Jornada de la Infancia Misionera, en la que se nos recuerda cómo esta tarea corresponde a todo cristiano, desde los más pequeños, que hoy tienen un destacado protagonismo, hasta los mayores pasando por el resto de edades. Porque Jesucristo no ha de ser otro personaje más ni podemos prestarle una atención comedida, si es que queremos realmente ser discípulos suyos, si es que creemos en su salvación.  

            E investigando, investigando nos encontraremos también con la Iglesia de la que san Pablo nos dice que es como un cuerpo del que Jesús es su cabeza. Y rastreando, rastreando, nos descubriremos a nosotros en ella, como miembros de una familia, una corporación donde hemos de hallar también la función o misión encomendada por Dios para cumplir con nuestra propia vocación y facilitar que todo el cuerpo funcione adecuadamente.

            Lucas nos deja el ejemplo de un buscador de Jesús de Nazaret y nos interesa mucho lo que nos dice sobre Él, pero también nos motiva para que lo busquemos por nosotros mismos y digamos, desde el resultado de nuestra investigación, quién es, que también nosotros somos un poco evangelistas del Hijo de Dios y actualizamos su Evangelio en nuestras propias vidas. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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Programación Diocesana "Conversión Misionera: seguir dando pasos" 2019-2020

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