Ciclo B

DOMINGO XIII T. ORDINARIO (ciclo B). Jornada de responsabilidad en el tráfico. 1 de julio de 2018

 

Sab 1,13-15; 2,23-25: Todo lo creó para que subsistiera.

Sal 29, 2-6. 11-13: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

2Co 8,7-9. 13-15: Sobresalid también en esta obra de caridad.

Mc 5,21-30. 33-43: “No temas; basta que tengas fe”.

 

El autor de la vida lo creó todo para que subsistiera. ¿No cuidará con primor a la niña de sus ojos? Al hacerlo, no hay duda, lo hará así: dejando que llene sus ojos, en una relación de amor y confianza.   

                Un mismo episodio nos narra dos curaciones, dos gestos o concreciones de este amor entrañable. El evangelista, tan conciso en otros milagros, nos deja una descripción con interesantes detalles de dos historias. La primera nos informa sobre una mujer que padece durante doce años hemorragias, lo que le hace sufrir mucho en lo físico y en lo moral. El contacto con la sangre derramada hacía incurrir en impureza según la ley judía. Ella tenía que padecer esta situación de modo habitual. Habiendo acudido a multitud de médicos, no solo no habían podido acabar con su mal, sino que la habían hecho empeorar y habían acabado empobreciéndola. Esto indica que se trataba de una persona adinerada, pues no cualquiera podía recibir servicios médicos y menos en tanta cantidad. El momento en el que se acerca a Jesús la encontramos enferma, sufriente, empobrecida y religiosamente impura. Probablemente esto la motive a dirigirse hacia Él como a hurtadillas. Cree que le bastará con tocar su manto y que de ese modo podrá pasar desapercibida. Pero Jesús siente la fuerza salida de sí y pregunta por ello entre el gentío. Muchos lo apretujaban, de ellos quizás también un número intentase encontrar en Él, como la mujer, la curación de sus males, la solución de sus problemas, pero solo sabemos que fue ella quien quedó sana. Esto por su fe. La fe es presentada como requisito necesario para que la fuerza y el poder de Dios sea eficaz. De este modo lo va a corroborar el Maestro. Su misión no consiste en solventar los problemas sanitarios o de otra índole, sino encontrarse con los hijos de Israel para traer la salvación a todos. Busca el rostro de la mujer para encontrarse con ella. Se manifiesta como el médico competente que no solo sana, ni principalmente sana, sino que acoge, que busca una relación personal y un encuentro. Expresa y cumple la misericordia de Dios.

                La segunda historia es la que inicia el relato. Una niña de doce años (coincide con el tiempo de enfermedad de la otra mujer) se halla en un estado crítico de salud. No es ella, sino su padre, Jairo, un hombre distinguido por ser jefe de la sinagoga, el que se acerca a Jesús. Con una actitud de reverencia y veneración, postrándose ante Él, pide la curación de su pequeña. Parece una última petición de auxilio a la desesperada. En vez de permanecer con su esposa junto al lecho de su hija para acompañarla en el inminente final, pide una ayuda casi imposible. Pero cree. El Maestro quiere ir a su casa, al hogar familiar. De nuevo va a aparecer el gentío que en esta ocasión se ríe de Jesús en casa de Jairo, cuando anuncia que la niña no está muerta, sino dormida. La noticia de la muerte parece dejar el asunto resuelto. Jairo no tiene nadie más en quien poder confiar, y confía, a pesar de lo rotundo del diagnóstico. Jesús va a obrar el milagro, más asombroso que el anterior, porque para todos se había agotado la esperanza, salvo para el padre, que creyó en el poder de Dios en Jesús. El modo de curar, tomándole la mano y ordenando con su palabra, recuerda las intervenciones divinas con el pueblo, donde la mano de Dios protege a Israel de sus enemigos y los guarda, y su palabra tiene poder creador y de transformación de la realidad.

                En Jesucristo se hace presente el poder de Dios que actúa en beneficio de sus hijos; que manifiesta que el Señor quiere la vida para todos, su salvación íntegra y eterna. Y, al mismo tiempo, que esto precisa un asentimiento, mediante la fe, a la acción soberana del Altísimo. Nuestras historias no podrán completarse si Él no se hace presente con su poder y su Palabra, pero pide también nuestra aceptación desde la fe, para dejarnos configurar y transformar por su Espíritu. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana "Conversión Misionera, Personal y Pastoral" 2018-2019


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