Ciclo B

VIGILIA PASCUAL. medianoches del sábado 15 al domingo 16 de abril

 

VIGILIA PASCUAL. Medianoche del sábado al domingo 16 de abril de 2017.

Gn 1,1-2,2: Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno.

Gn 22,1-18: No te has reservado a tu hijo, a tu único hijo.

Ex 14,15-15,1: Los hijos de Israel entraron al mar, por lo seco.

Is 54,5-14: Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador.

Is 55,1-11: Sellaré con vosotros una alianza perpetua.

Bar 3,9-15.32-4,4: Camina al resplandor del Señor.

Ez 36,16-28: Derramaré sobre vosotros un agua pura… os daré un corazón nuevo.

Rm 6,3-11: Si hemos muerto con Cristo creemos que también viviremos con Él.

Sal 117: Este es el día que hizo el Señor.

 

 

De las tres Marías a los pies de la Cruz solo dos acudieron al sepulcro al tercer día. ¿Otro nuevo abandono entre los últimos incondicionales? ¿Quién faltó esta vez? María, la madre de Jesús, no fue a la tumba de su Hijo. San Ignacio de Loyola lo explica entendiendo que sería a ella a quien primero se apareció Jesucristo, a su Madre, a la que esperó en su Señor y no dejó que la tristeza consumiera sus fuerzas. La espada de dolor clavada en el alma no envenenó su espíritu, y perseveró aguardando la Hora, el momento en que Dios obrase maravillas. Los Evangelios callan el encuentro, como tantos otros momentos de maternidad, que nosotros intuimos necesarios tras tal Madre y tal Hijo. La que guardaba todo con delicadeza en su corazón, ¿no iba a guardar también los anuncios de Resurrección del Maestro? ¿No tendría su memoria colmada de las intervenciones del Señor proclamadas en las Escrituras? Dejemos a las otras Marías yendo al sepulcro, para tomarles ventaja acompañando a María, para que ella nos enseñe a encontrarnos con el Jesucristo sin detenernos en su tumba. La maestra del Maestro será quien mejor nos conduzca hacia los misterios del Resucitado; la que custodiaba contemplando la Palabra de Dios en la Ley y los Profetas; la que le dio carne a la Palabra, nos la mostrará gloriosa.

¿No era la gloria de Dios la que resplandecía en toda la Creación y el ser humano recién salido de sus manos y exultante de vida? La gloria de Dios es que el hombre viva y viva eternamente. Y, cuando Dios exigió a Abrahán a su hijo único, ¿buscaba muerte? Seguía pidiendo vida, la vida que solo puede proporcionar la confianza en Él, la apertura a su voluntad y no aferrarse a la propiedad de un hijo y su descendencia, anhelos humanos de vida, pero vida caduca. Otra vez Dios protegió la vida, cuando esta se encontraba oprimida por el poder tirano en Egipto y sus hijitos, los hijos de Israel, pusieron su pie en seco, mientras sus opresores eran sepultados por el agua. Es que Dios quiere con amor eterno, porque ama eternamente todo cuanto ha creado, porque cuanto ama lo vincula a su eternidad, para que viva siempre. ¿No es la comida compromiso con la vida? Proclamó alimento y bebida para todos, para saciarse y vivir sin término. Y que, vivos, fuesen testigos de la ternura de Dios con una alianza perpetua. Y no abandonó a sus hijos aunque lo olvidaron pecando gravemente ni se volvió contra ellos para acabar con sus vidas, sino que los siguió acompañando en su camino. Buscando su salvación los lavó, los purificó y les dio un corazón nuevo. Dejó todo preparado para prodigios cada vez mayores.

Prodigios de vida. ¿Todavía cabía sorpresa? Y la Palabra, la Vida eterna, se hizo vida temporal humana. La Palabra de Dios no defrauda, el corazón de María no quedó defraudado, porque se alimentaba de su Palabra, y ella misma acurrucó y alimentó a la Palabra de Dios de lo guardado y gestado en su pecho.

En nada de aquello conservado vemos que Dios privase de Pasión, de Cruz y de Sepulcro a sus hijos, ni siquiera a su Unigénito, al predilecto, pero jamás dejó de procurar un desenlace no fuese vida, prosperidad, victoria. Y ahora que hacia el lugar donde el hombre-Dios ha sido sepultado por la muerte, ¿por qué habremos de desesperar, cuando nunca nuestro Padre nos dio motivos para la desesperanza? Tantas veces como vayamos a cualquier sepulcro, el resucitado se encontrará con nosotros para anunciarnos vida. Pero acudieron a la Palabra de Dios, que maría guardaba en su corazón, no hará falta más lágrima sobre la tumba, sino que el Resucitado hará morada con nosotros dando vida y vida eterna. La propia Galilea del día a día será el lugar y el tiempo de este encuentro: y ya todo paso, aspiración, proyecto tendrá el sello del Resucitado. Este es el día, la hora, el instante… que hizo el Señor en toda la humanidad, en mi vida, para hacer que todo vibre glorioso hacia la Vida eterna. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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