Ciclo B

Resucitó Aleluya, Aleluya ¡¡¡¡

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Lc 24.5.

Él es luz de vida.

Domingo XXIX del T.Ordinario. 18 de octubre de 2015. DOMUND

 

Is 53,10-11: Lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Sal 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.

Hb 4,14-16: Ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.

Mc 10,35-45: “¿Qué queréis que haga por vosotros?”

Un “¡aúpa!” oportuno evita el desánimo sostenido, otro despierta  las energías, otro ofrece una motivación. En todo caso contiene un estímulo necesario para el avance. Hemos de repetírnoslo con frecuencia, pero ayuda mucho que nos venga también desde fuera. Encontrar a alguien interesado en tu progreso dando ánimo sincero es un bien inestimable.

A golpe de aúpa, ¿hasta dónde podemos aspirar? ¿Hasta dónde llegar? Que, por pedir, no quede: a la gloria. Dos hermanos de entre los Doce apótoles con ánimo para pedirle a Jesús confirmación en sus aspiraciones. ¡Qué bueno es que los hermanos se apoyen en sus proyectos de prosperidad! Un hermano encontró fuerzas junto al otro hermano. A Santiago y Juan les unió más el parentesco entre sí que el vínculo de hermandad reciente en seguimiento de Cristo y misión con el resto de discípulos, y decidieron por su cuenta. Valorando su trayectoria junto al Maestro con importantes sacrificios de dejar trabajo y casa y familia y, de algún modo, echarse a la aventura poniendo su confianza en aquel paisano excepcional, podrían encontrar una legitimación a su petición. Aspiraban a lo más alto: a compartir asiento lo más cercanos a Jesús en el Reino. ¿Lo querrían por proximidad con su Señor, por afecto? ¿Lo querrían por destacarse sobre los otros? Si uno quiere prosperar tiene que andar listo y anticiparse a los otros, y ¡qué más prosperidad que situarse en el mejor sitio posible para toda la eternidad!

Jesús acoge con simpatía la solicitud, como un poco admirado por su ingenuidad, pero condiciona los altos los deseos de los hermanos a un compromiso muy estricto con una apariencia muy distante de lo que pretenden conseguir: vivir la  propia pasión de Cristo. La respuesta de los dos hermanos discípulos suena también a ingenua, aceptando el martirio sin titubear, dando la impresión de que realmente no se dan cuenta de la magnitud de ese sacrificio, el máximo, el definitivo, el de dar la vida en abajamiento y humillación. Aun así, el Maestro les promete esta entrega radical, aunque se desmarca de la petición inicial como algo que no le atañe directamente a Él en ese momento; de alguna manera, quitándole importancia, porque la centra en esa bebida de cáliz y en ese bautismo, que entendemos de pasión.

            Los otros compañeros, tan aspirantes con estos hermanos a las alturas, se verán heridos en sus aspiraciones, porque encontrarse rivales que se les han adelantado. Entonces sí interviene Jesús con severidad para colocar las cosas en su sitio. Y su sitio es el servicio. El ejemplo de los que se creen ya encumbrados le sirve para enseñarles que ese empeño de los poderosos les ha hecho convertirse en siervos de sus propias pretensiones, pues no hay oficio más digno que servir a los otros y el oficio que no realice desde el servicio no eleva, sino que hace caer.

            El sufrimiento es una puerta necesaria en el seguimiento del Señor en primer lugar porque todo aprendizaje requiere sacrificio y renuncia; en segundo lugar, porque el mal en el mundo provoca mucho daño y la experiencia de fraternidad lleva a sentir con los que sufren y lamentar tanta injusticia. Lo cual trae consigo muchas veces un asumir el golpe de esas mismas injusticias robre la propia carne. Aquí se consuma el camino hacia la gloria. Jesús es el paradigma del que aprende a obedecer al Padre con esfuerzo y sacrificio, pero además asume el sufrimiento de los demás sobre sí. ¿Qué aspiraciones tendría el Maestro? Cumplir la voluntad de Dios, que es que todos lleguen a la gloria. Podría decirse que, olvidando su propia gloria, trabajó para la de los demás ofreciéndose a sí mismo. ¿Habrá gloria más elevada, servicio más glorioso, gesto más elocuente? En el día en que celebramos la jornada mundial de la evangelización de los pueblos subrayamos ese deseo y ese trabajo para que el mensaje de salvación llegue a todos. Un signo de esta actitud en nuestra vida es preferir el éxito ajeno al propio. Entonces ya habremos entendido el sentido del servicio y viviremos oliendo de cerca la gloria. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

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