Ciclo B

DOMINGO IV DE PASCUA. DEL BUEN PASTOR. 12 de mayo de 2019

 

Hch 13,14.43-52: Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Sal 99,2.3.5: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Ap 7,9.14b-17: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

Jn 10,27-30: Nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

¿Siguen haciendo falta hoy los pastores? La misma imagen que nos ofrecen las Escrituras y subraya en este día Liturgia corre el riesgo de ineficaz por nos parecernos lo bastante sugerente. Incluso hasta con la sospecha de que tal vez los pastores no sean necesarios hoy día.

Considerando el objeto de la actividad del pastor, podríamos encontrar datos interesantes sobre su utilidad. El animal salvaje vive en continuo estado de emergencia. Ha de dejar resuelto cada día el asunto de la comida, y de la seguridad propia y de sus crías (si las hay), en una actividad en la que ha de valerse por sí mismo y depender solo de sí. Los peligros pueden ser variados y rigurosos. En cambio, el animal doméstico tiene solventada su supervivencia, pues hay quien le dispensa todo lo necesario y lo protege. Este protector generoso al que llamamos pastor asume la mayor parte de los esfuerzos de cada animal y los atiende en lo que precisan en cada momento. De este modo modera las preocupaciones de las ovejas del rebaño, consolidando su tranquilidad. Cuanta más indefensión hay en una oveja más se encuentra necesaria la intervención del pastor.

El pastor modera las preocupaciones de las ovejas del rebaño y consolida su tranquilidad. Él asume los esfuerzos de cada animal y los atiende a todos en lo que a cada momento precisan. En esta grey globalizada donde los recursos pueden encontrarse de modo inmediato con pulsar sobre determinadas pestañas de las pantallas de nuestros dispositivos, ¿nos vemos más amparados, más cuidados, más confortados?

            La labor misionera de Pablo y Bernabé se topó con la oposición de los judíos que pretendieron interrumpir su predicación. Este contratiempo propició, por el contrario, una nueva dirección en la evangelización. Ahora serían los gentiles, los no judíos, quienes recibirían el mansaje de Jesucristo Salvador. El desconcierto ante un proyecto inesperadamente frustrado, fue superado por una ampliación en las expectativas propuestas. Termina este relato del Libro de los Hechos de los Apóstoles apuntando: “Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo”. El Pastor desempeña su trabajo sobre su rebaño con el Espíritu Santo. Sin duda que la alegría está causada por la presencia del Espíritu en estos apóstoles y también la reestructuración de la misión tras adversidades que parecen desmantelarla. ¿Habrá posibilidad de superación de dificultades sin Pastor y su Espíritu? ¿Se podrá reponer del fracaso cualquiera si no es de la mano de Cristo? En Él las derrotas decepcionan menos y aportan nuevas fuerzas para las siguientes batallas.

            La visión de Juan en el libro del Apocalipsis nos conduce a la contemplación de una gran muchedumbre que ha pasado por grandes sufrimientos. Sus vestiduras son lavadas en la sangre del Cordero. Esta sangre, la vida libremente derramada por Jesucristo para nuestra salvación, es signo de la lucha contra el mal. Lava y blanquea, lo que puede identificarse con el perdón de los pecados y la participación en la santidad de Cristo (que es participación, también, en su pasión). Y dice el pasaje: “El Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos”.

            Creo que estos dos pequeños análisis resuelven la pregunta inicial: ¿Tenemos necesidad de Pastor hoy? Y la respuesta podría ser: si creemos que nuestra existencia está satisfecha y realizada con el plato de comida diario, el hogar, el vestido y una economía suficiente…; si pensamos que la vida cristiana queda cubierta con la oración diaria y la celebración eucarística dominical… tal vez el Pastor nos servirá de auxilio en momentos de apuro, pero, en lo demás, podremos apañárnoslas solos.

            Ahora bien, si consideramos que la categoría básica del cristiano es el martirio y procuramos vivir desde este eje; es decir: convencidos de la elección de Cristo para una misión, de nuestras responsabilidad en el Reino de los cielos (en la alabanza de Dios, en la justicia, en la promoción de la comunión fraterna, en la visibilización de los que no cuentan), si no queremos desertar en las estrecheces y el sufrimiento, sino abrazarnos con esperanza a la Cruz de Cristo… entonces, sí que estamos necesitados de Pastor como de pan, como de vida eterna. Porque Él es el que llena de sentido nuestra vida y nos capacita, con su Espíritu, para la plenitud en una lucha en la que lo escogemos a Él y unirnos a su causa, la del crucificado por amor y resucitado para la Salvación.

            Este domingo del Buen Pastor nos recuerda y motiva a ser ovejas merecedoras de tal Pastor.

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana "Conversión Misionera, Personal y Pastoral" 2018-2019


La Voz de Papa Francisco

Xtantos

Vida