Ciclo B

Viernes Santo y Sábado Santo 2019

Jesús muere por AMOR a nosotros

"Padre a tus manos encomiendo mi Espíritu"

Ante el sepulcro María llora esperando en ORACIÓN su RESURRECCIÓN, esperando la VIDA que vence a toda muerte.

GRACIAS mi DIOS por tu inmenso AMOR

 

DOMINGO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR. DOMINGO DE RAMOS (ciclo C). 14 de abril de 2019

 

Is 50,4-17: El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes.

Sal 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Fp 2,6-11: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (22,14–23,56): «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Una propuesta para el oído: escuchar como discípulo. Una oferta para la lengua: ejercitarse como aprendiz que aliente al abatido. ¿Por qué tanta preferencia de Dios por los débiles? Elige a profetas para entrenarlos en una tarea poco gratificante. Los que asienten a tu llamada han de ser instruidos sobre el escarnio y exponerse a la incomprensión y la desaprobación del pueblo, de modo especialmente hostil por parte de los que ostentan el poder. A veces, incluso, con oposición de aquellos a los que quiere alentar.

            Por una parte no todos los escogidos para este servicio tan singular acogen la oferta del Señor para prepararse a ser profetas de su misericordia en estas condiciones. También durante la instrucción algunos abandonan al percibir la aspereza de lo encomendado. Y los que perseveran, ¿por qué lo hacen? ¿Qué les convenció? ¿Qué fuerza arrebatadora les sedujo para no renunciar a unirse a este vínculo con el descrédito y el fracaso? Es posible que les cautivase Cristo, el mismo Dios encarnado y escarnecido. El Profeta de profetas que sufrió desprecio hasta una muerte infame y de escarnio. Hasta allí lleva el camino que se abrió con vítores hacia el descendiente de David, el que tenía que venir, el Mesías esperado. No prevaleció la gloria, sino el ultraje y el rechazo.

            Misterio de la fe, misterio de la vida trinitaria. Dios, tan enternecido por los maltratados que envía al maltrato también a su propio Hijo. Un relato cuadruplicado nos lo recuerda. La liturgia de este domingo proclama el de Lucas. No puede conocerse de memoria el relato de la Pasión del Señor, sino solo en la carne herida y necesitada de redención y salvación. La vida cristiana no encuentra en otro sitio su sentido. Comienza por la seducción del Dios hecho hombre, al que se acercará más en la medida en que lo abrace despojado y humillado. En lo menos aparente y victorioso de la carne humana, en su condición más aborrecible es donde emerge la ternura divina como germinando de lo oculto para florecer y embellecer cuanto conquista desde el amor. ¿Fue esto mismo lo que sigue enamorando a los cristianos, a los de verdad, a los que ofrecen en serio el oído y la lengua y su vida entera al servicio de Dios y de toda carne macerada y de despojo.

Todavía no acabo de entenderlo: aquello en lo que se centra la compasión divina, lo que escapa a las glorias humanas y aun a las letras cuidadas. Aquello que suscita tanta recriminación arrojada contra el cielo y que frena a tantos en su camino hacia Dios. Y sin acabar de entender a este Cristo oscurecido, fracasado, sufriente y amortajado no encuentro nada, nadie tan bello, tan capaz de cautivar, de embellecer cuanto toca, cuanto mira. Capaz de tanta esperanza para el mundo ajado por el mal, por la injusticia, tan ansioso de elevación hacia lo divino. Aquí las puertas de este misterio tan terrible y tan bello. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

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