Ciclo A

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (ciclo A). 28 de mayo de 2017

 

Hch 1,1-11: Vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.

Sal 46,2-3.6-7.8-9: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

Ef 1,17-23: Que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama.

Mateo 28,16-20: Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Ya nos levantó el Señor y no dejó que el tropiezo de los hombres dejase a la humanidad en una caída perpetua. Y nos sigue levantando para que no solo nos mantengamos en pie, sino que crezcamos adquiriendo cada vez más altura. Él acortó las distancias entre el cielo y la tierra al tomar nuestra condición como uno de tantos. Construyó un puente para superar el abismo entre la muerte del pecado y la vida de gracia con su misericordia. En su resurrección abrió las puertas para la eternidad rebasando los dominios de la muerte y nos mostró el cumplimiento de la promesa que Dios Padre hizo a Abrahán. Y ya no solo hace vecinas las alturas y nuestro suelo, sino que pone lo terrestre en peregrinación hacia aquellas cumbres de la que vino y a las que ha vuelto.

 

Lo que el Espíritu Santo ha obrado en Él, ha de hacerlo también en nosotros. Porque el Hijo de Dios crucificado y glorioso ha abierto todas las puertas para el acceso a Dios Padre, ha invitado a entrar por ellas, ha enviado su Espíritu para darnos fuerza y valentía y poder hacerlo. Por eso, aún cabe por hacer…

 

Este es el movimiento ascendente de una humanidad todavía no acabada. Este es el propio movimiento de elevación que Dios ha puesto en nosotros y que abre una historia con nuevas posibilidades.

 

El Verbo de Dios hecho hombre no agota el quehacer humano, porque nos ha entregado el mundo con poder sobre él para su transformación, trabajando para que penetre en su tierra el Espíritu Santo y vaya haciendo glorioso lo terrestre. Ha habilitado nuestras manos y las ha provisto de azadas para abrir surcos y que el agua de Dios fecunde y haga prosperar la semilla de su Palabra derramada por doquier.

 

El Maestro ha ascendido al cielo junto al Padre y así permite la tensión que nos mantiene en alerta para la vida, que nos hace sabernos responsables de la transfiguración de esta tierra, que ya todo es posible, pero aún queda tanto por hacer… El Resucitado no priva a nadie de su misión y exige compromiso. Jesucristo crucificado y resucitado y ascendido a los cielos no ha concluido la caridad: nos la sirve a modo de lavado de pies y nos la reclama, pidiendo que busquemos y busquemos pies necesitados de agua y de caricia.

Aún queda tanto por hacer… evitando que la tentación de lo malo nos seduzca, celebrando agradecidos el don de Dios y la fraternidad. Buscando la Paz, la Verdad y la Justicia, que solo pueden venir de Dios, como quien mira hacia cimas anheladas por todos, pero conscientes de que ese camino se emprende con la sonrisa al que nos ofende, la sinceridad de nuestras respuestas, el perdón al que hace daño…

 

Aún queda, y aquí lo más importante, que esta carne nuestra sea configurada con la de Cristo y pueda vivir gloriosa para la eternidad. Aún queda ver a Dios cara a cara y dejar que Él aleje todo vestigio de pecado.

 

Aún queda mucho por hacer, que no es otra cosa que dejarle hacer a Dios… y que alce nuestra humanidad para que se asome a la intimidad divina y no quiera ya ver otra cosa, y no quiera ya trabajar por nada que no sea buscar la presencia de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo en esta tierra y proclamarlo a todos los pueblos y celebrarlo con los hermanos y gozar alegres de la entrañable misericordia de nuestro Dios que nos ha visitado de lo alto para que nosotros visitemos sus alturas. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana El Acompañamiento personal, Espiritual y Pastoral

La Voz de Papa Francisco

Xtantos