Tiempo de Misericordia, tiempo de Gracia

Tiempo de Misericordia, tiempo de Gracia

Arciprestazgo Mancha Oeste
-Diócesis de Ciudad Real-



Tiempo de Misericordia, tiempo de Gracia


‹‹No apartaré de él mi misericordia ni quebrantaré mi fidelidad ›› (Sal 89, 34)

Para buscar la reconciliación con Dios, tu Padre, necesitas que tu corazón se sienta iluminado para reconocer personalmente las faltas cometidas y encontrarte así con la misericordia infinita de Dios. El lugar propio y el silencio interno te ayudarán. Sólo con Él solo.  Recuerda que vas a experimentar un encuentro de alegría.
Para ello, antes de acercarte al sacerdote para celebrar con dolor y gozo el sacramento de la Reconciliación, lee oportunamente algún texto de la Sagrada Escritura, o por ejemplo este:


                     Palabra de Dios

‹‹Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en la oscuridad, mentimos con palabras y obras. Pero si vivimos en la luz, lo mismo que Jesucristo está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros y la sangre de su hijo Jesús nos limpia los pecados. Pero si confesamos nuestros pecados, Él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos lavará los delitos ›› ( 1 Jn., 1, 6-7. 9)

La fuerza del perdón empieza a sentirse cuando se escucha interiormente la Palabra de Dios y te abres enteramente al encuentro entre Padre e hijo. Por eso antes de confesar los pecados y aceptar la
penitencia es necesario hacer muy despacio un verdadero examen de conciencia para sentirte lavado de todos tus delitos preguntándote a ti mismo como ha influido en mí el pecado con respecto a Dios, a los demás y a uno mismo.


Examen de conciencia

         I.  Dice el Señor: “Amarás a tu Dios con todo  el  corazón”

1.- ¿Tiende mi corazón a Dios de manera que en verdad lo ame sobre todas las cosas, cumpliendo fielmente sus mandamientos, como ama un hijo a su padre, o, por el contrario vivo pensando solamente en las cosas de este mundo y todo lo que ellas significan?

2.- ¿Me uno firmemente a la doctrina de la Iglesia? ¿Amo, respeto y defiendo a mi madre, la Iglesia? ¿He manifestado orgullosamente mi condición de cristiano en la vida pública y privada, o me refugio en mi cobardía para no ser apuntado con el dedo?

3.- ¿Tengo reverencia y amor hacia el nombre de Dios, o le ofendo con palabras obscenas, blasfemias, falsos juramentos utilizando el nombre de Dios en vano?

4.- ¿Tengo quizá otros dioses? ¿Adoro a otros ídolos, confiando más que en el mismo Dios? ¿Aspiro a poseer más y acumular más las riquezas de este mundo sin dar importancia a la única riqueza que es Dios?

5.- ¿Recurro a Dios en oración cuando lo necesito, o por el contrario soy persona de conversar auténticamente, de mente y corazón, con el Señor de mi vida? ¿Doy gracias a Dios por todo lo que tengo?

6.- La celebración de la Eucaristía es necesaria para nuestras vidas, ¿participo de ella, los domingos y días de fiesta?

 

          II.  Dice el Señor: “Amarás los unos a los otros como yo os he amado”

1.- ¿Amo de corazón a mi prójimo o abuso de ellos utilizándolos para conseguir mis propios fines personales?

2.- ¿Los he escandalizado gravemente con palabras o con acciones?

3.- ¿He contribuido al bien de mi familia, sembrando amor y concordia en vez de enfrentamientos y odio? ¿Soy buen padre o madre, hijo o hija, o cualquier otro miembro familiar? Cómo padre, ¿me preocupo de mis hijos prestándoles el debido respeto y ayuda tanto humanamente como espiritualmente hablando? ¿Contribuyo a la verdadera educación de los hijos? ¿Soy fiel de pensamiento y corazón a mi cónyuge? o ¿por el contrario he faltado a la fidelidad, a la sinceridad, a la verdad en el matrimonio?

4.- ¿Comparto mis bienes con los más pobres contribuyendo a las distintas campañas de caridad que la parroquia me invita a su colaboración?

5.- ¿He tratado de remediar las necesidades que tiene la Iglesia, mi parroquia, orando por ella, defendiéndola contra toda incomprensión o adversidad dando buen ejemplo? O por el contrario, ¿hablo mal de la Iglesia criticándola con palabras y hechos?

6.- ¿En mi trabajo soy justo, honesto, no perezoso, prestando mi servicio incluso aquellos que más lo necesitan?

7.- ¿He mantenido la verdad, sin utilizar la mentira, palabras falsas, calumnias, violación de algún secreto? ¿He robado, he producido algún daño a la vida, al honor de los otros? ¿He procurado o inducido al aborto? ¿Soy egoísta, envidioso, avaricioso?

8.-  Si alguien me ha injuriado ¿me he mostrado dispuesto a perdonar y a vivir sembrando paz?

 

           III.  Cristo, el Señor, dice: ‹‹Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto››

1.- ¿Llevo una verdadera vida espiritual, por medio de la oración, la lectura, meditación de la Palabra de Dios, participación de los sacramentos?

2.- ¿Me esfuerzo en superar mis vicios, inclinaciones, malas pasiones? ¿He pecado contra el sexto y noveno mandamiento con palabras o pensamientos, con acciones impuras e indignas de mi ser de cristiano? ¿He incitado al pecado a otros con mi falta de decencia? ¿He observado la ley moral en el uso del matrimonio?

3.- ¿He tratado siempre de actuar dentro de la verdadera libertad de los hijos de Dios, o soy un siervo de mis pasiones?

Después de haber hecho de manera exhausta el exámen de conciencia llega el momento de vivir el encuentro con el Señor de la Misericordia. Con mucha alegría acércate hasta el Sacerdote y él en el nombre del mismo Dios impondrá sus manos y te absolverá de tus culpas diciendo:

Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPIRITU SANTO.

                      
                    Acción de gracias

Vete en paz, y anuncia a los hombres las maravillas de Dios que te ha salvado

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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